JONES v. MISSISSIPPI: CLARIFICANDO LA DOCTRINA SOBRE LA PRISIÓN PERMANENTE NO REVISABLE IMPUESTA A MENORES DE EDAD.

El pasado día 22 de abril de 2021, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos hacía pública su sentencia Jones v. Mississippi, donde el alto órgano jurisdiccional clarificaba su jurisprudencia relativa a la prisión permanente no revisable impuesta a menores de edad en supuestos de condenas por asesinato. En realidad, el pronunciamiento no es novedoso en cuanto al fondo, puesto que el núcleo esencial de la doctrina emana de una sentencia dictada hace nueve años.

Como siempre, expondremos los antecedentes de hecho del caso para ulteriormente profundizar en la doctrina del Tribunal. En este caso, la narración fáctica deviene en indispensable, pues en alguna que otra ocasión se ha omitido toda referencia a los mismos como dando a entender que la condena a prisión permanente no revisable se había impuesto por un delito de escasa entidad.

Primero.- Antecedentes de hecho.

1.1.- Hechos punibles cometidos: asesinato con alevosía.

Los antecedentes de hecho del caso vienen expuestos en la propia sentencia comentada en cinco breves y elocuentes párrafos, de ahí que creemos mucho más adecuado en este caso que sea la propia sentencia la que hable con total claridad en lo que a las consideraciones fácticas subyacentes se refiere:

“En agosto de 2004, Brett Jones vivía con sus abuelos, Bertis y Madge, en Shannon, Mississippi. Shannon es una pequeña villa de alrededor de 2000 [habitantes] en el norte de Mississippi, cerca de Tupelo, a medio camino entre Memphis y Birmingham.

En aquel tiempo, Jones contaba sólo 15 años. La mañana del 9 de agosto de 2004, Bertis descubrió a la novia de Jones, Michelle Austin, en la habitación de Jones. Bertis y Jones se enzarzaron en una disputa, y Bertis ordenó a Austin abandonar la casa. Pocas horas después, Jones le dijo a Austin que “iba a hacer daño a su abuelo.

Esa tarde, Jones se encontraba en la cocina haciéndose algo de comer. Jones y Bertis comenzaron nuevamente una disputa. La discusión se elevó de gritos a empujones y de éstos a puñetazos. Entonces Jones apuñaló a su abuelo con un cuchillo de cocina. Cuando ese cuchillo se rompió, Jones tomó otro cuchillo y continuó apuñalando a Bertis. En total, Jones apuñaló a su abuelo ocho ocasiones.

Sangrando profusamente, Bertis salió tambaleándose, cayó al suelo y falleció. Jones no llamó al 911. En vez de eso, apresuradamente trató de encubrir su papel en el asesinato. Arrastró el cadáver de Bertis al interior. Jones lavó la sangre de sus manos con una manguera, se quitó su camiseta cubierta de sangre y movió el coche de Bertis sobre ciertas manchas de sangre en el suelo de la cochera.

Mientras Jones se encontraba fuera, fue visto por un vecino. El vecino llamó a la policía. Poco después, otro vecino vió a Jones y a Austin abandonando a pie juntos la casa. Más tarde esa noche, la policía localizó a Jones y a Austin en una gasolinera a algunos kilómetros de distancia. Al ser preguntados, Jones y Austin dieron nombres falsos al policía. Después, se encontró un cuchillo en el bolsillo de Jones, y cuando el agente preguntó a Jones si era el cuchillo con el que “lo había hecho”, Jones respondió “No, me deshice del otro”

No nos encontramos, por tanto, ante un menor inocente que no tenía conciencia de sus actos, sino ante un adolescente plenamente conocedor de lo que hacía. El “angelito” apuñaló a su abuelo, e incluso cuando se rompió el cuchillo tomó otro y continuó con su vil proceder, acabando así con la vida de la persona bajo cuyo techo vivía. No sólo eso, sino que después trató de suprimir las pruebas que pudieran incriminarle. Conviene no perder de vista tales hechos para no trasladar la impresión de que la condena se impuso por una travesura o chiquillada.

1.2.- Enjuiciamiento de instancia.

El asesinato es un delito estatal, por lo que el enjuiciamiento y fallo correspondía a la jurisdicción de Mississippi. Según la legislación de dicho estado, el castigo a imponer en tales casos no era otro que la prisión permanente no revisable, de ahí que fuera condenado a dicha pena. No obstante, mientras el Tribunal de Apelaciones de Mississippi tramitaba el recurso, se produjeron dos pronunciamientos del Tribunal Supremo de los Estados Unidos (a los que luego nos referiremos) que determinaban el resultado, de ahí que se estimara el recurso y se devolviera el asunto para que se dictase una nueva sentencia en la que el juez pudiese tomar en consideración la edad del condenado en el momento en que cometió su delito. No obstante, el juez valorando todas las circunstancias del caso reiteró la condena a prisión permanente no revisable. 

Jones apeló su condena ante el Tribunal de Apelaciones de Mississippi. Ahora bien, su defensa no cuestionó la constitucionalidad de la prisión permanente no revisable, sino que para imponer la misma debería quedar reflejado en la sentencia en un apartado independiente que el condenado no es una persona reinsertable, tesis que fue rechazada por el órgano judicial revisor. 

Jones impugnó la resolución del Tribunal de Apelaciones de Mississippi ante el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Ahora bien, conviene no perder de vista tampoco los términos en los que se planteó la cuestión jurídica a resolver por el alto tribunal:

“¿Requiere la Octava Enmienda a la autoridad sentenciadora que constate que un menor no es reinsertable antes de imponerle la cadena perpetua sin posibilidad de perdón?

Es decir, que la propia defensa de Jones aceptaba la plena constitucionalidad de la prisión permanente no revisable para menores de edad, si bien en tales casos deberían justificarse los motivos por los cuales se adopta tan drástica decisión.

Segundo.- Doctrina del Tribunal Supremo.

2.1.- Precedentes: los casos Miller v. Alabama y Montgomery v. Louisiana

El 25 de junio de 2012, es decir, hace poco menos de nueve años, el Tribunal Supremo resolvió el caso Miller v. Alabama (567 US 460 [2012]), donde la cuestión jurídica a resolver era precisamente esa: “La condena a prisión permanente revisable impuesta a una persona de catorce años, ¿vulnera la Octava y la Decimocuarta enmienda constitucional, que proscribe los castigos crueles e inusuales?” Por una mayoría escuálida (cinco votos frente a cuatro, con Anthony Kennedy como juez decisivo), el alto tribunal sostuvo que la condena a prisión permanente no revisable impuesta a mayores de edad es plenamente constitucional. Ahora bien, en el caso de menores de edad introdujo una sutileza jurídica: si el tipo penal impone la condena de forma reglada al juez, tal previsión sería inconstitucional; mas si la contempla como simple posibilidad, dejando al juez la posibilidad de imponer no sólo tal pena, sino que le permita tener en cuenta otras alternativas teniendo en cuenta la edad del menor, tal previsión sería plenamente constitucional. No obstante, la sentencia contó nada menos que con tres votos particulares discrepantes, los del chief justice John Roberts (al que se adhirieron los jueces Scalia, Thomas y Alito), el de Clarence Thomas y el de Alito (a los que se adhirió igualmente Scalia). No deja de ser clarificador el primer párrafo del voto particular de Roberts: “Determinar la sentencia apropiada para un adolescente acusado de asesinato presenta cuestiones graves y desafiantes de moralidad y política social. Nuestro papel, sin embargo, es aplicar la ley, no dar respuesta a tales cuestiones.” Precisamente a esa división interna alude la sentencia Jones.

Poco más de tres años y medio después, el 25 de enero de 2016, sobre la base de la doctrina Miller, el Tribunal Supremo resolvió el asunto Montgomery v. Louisiana, donde la cuestión jurídica a resolver era doble: “1.- La sentencia del Tribunal Supremo en Miller v. Alabama, según la cual la Octava Enmienda proscribe que la ley imponga necesariamente la pena de prisión permanente revisable a menores acusados de asesinato ¿se aplica de forma retroactiva? 2.- ¿Posee el Tribunal Supremo de los Estados Unidos jurisdicción para revisar la sentencia del Tribunal Supremo de Louisiana según la cual Miller no se aplica retroactivamente?” La respuesta del Tribunal Supremo fue positiva a ambas cuestiones, y en este caso la mayoría fue ligeramente más amplia que en el caso Miller, dado que en este caso fueron seis los magistrados que votaron favorablemente (el chief justice Roberts se unió a los cinco jueces mayoritarios de la sentencia Miller). 

Precisamente en aplicación de la doctrina de las dos sentencias citadas, el Tribunal de Apelaciones de Mississippi ordenó retrotraer el caso Jones al momento inmediatamente anterior a dictar sentencia.

Resumamos, por tanto, la doctrina jurisprudencial existente en 2021 y que dimana de los asuntos Miller y Montgomery:

A.- La prisión permanente no revisable impuesta a mayores de edad es plenamente constitucional y no vulnera la octava enmienda constitucional.

B.- En el caso de menores de edad, y únicamente para casos de asesinato, caben dos opciones. Si el tipo penal vincula al hecho determinante única y exclusivamente la prisión permanente no revisable, tal precepto sería inconstitucional. Ahora bien, si el tipo no impone, sino que permite imponer dicha pena en función de las circunstancias concretas del caso, pero dejando abiertas alternativas (de tal forma que el juez pueda, valorando las circunstancias del caso concreto, optar por una u otra pena) tal previsión sería conforme a la Constitución.

C.- Las previsiones de las sentencias Miller y Alabama se aplican de forma retroactiva.

2.2.- Doctrina del caso Jones.

La sentencia Jones fue adoptada por el mismo margen que el asunto Montgomery, es decir, por seis votos (los del chief justice Roberts, Thomas, Alito, Gorsuch, Kavanaugh –ponente de la misma- y Barrett) frente a tres (Breyer, Sotomayor y Kagan).

A la vista de la situación jurisprudencial (que la propia sentencia resume en el apartado II-A) el Tribunal afirma que: 

“el Tribunal ha establecido que la constatación separada de la imposibilidad de reinserción no es algo requerido. En Montgomery, el Tribunal afirmó inequívocamente que: “Miller no impone la constatación formal de la imposibilidad de reinserción” y añadió que “la constatación fáctica relativa a la imposibilidad de reinserción del menor…no es requerida. En supuestos relativos a individuos menores de 18 años en el momento de comisión del delito, la discrecionalidad del estado a la hora de delimitar las penas es constitucionalmente necesaria y suficiente.” 

El problema en este caso radicaba, por tanto, en que el apelante iba a darse de bruces contra el muro de la jurisprudencia aplicable:

“Jones afirma que Miller requiere más que un simple procedimiento sentenciador. Según Jones, el sentenciador debe también realizar una determinación separada que constate que la persona es imposible de reinsertar antes de sentenciar a un menor de 18 a prisión permanente no revisable. El problema para Jones es que Miller ni Montgomery rechazan de pleno tal requisito.”

Es más, el Tribunal afirma que las pretensiones del recurrente se efectúan “pese al claro lenguaje” de las sentencias Miller y Montgomery. De ahí que se vea obligado a recordar que:

“Citando repetidamente Woodson, ockett y Eddings, el Tribunal Miller afirmó que “un juez o jurado debe tener la oportunidad de considerar” la juventud del procesado y debe poseer “discrecionalidad para imponer una pena inferior” a la prisión permanente no revisable. Dicho de otra forma, el Tribunal Miller impone “sólo que quien sentencia siga cierto proceso (considerar la juventud y características particulares del procesado) antes de imponer la prisión permanente sin revisión […] En resumen, Miller sigue los muchos casos en los que el Tribunal requiere que el sentenciador considere la juventud como factor atenuante a la hora de decidir si impone la pena de prisión permanente no revisable. Miller no requiere que la sentencia incluya como hecho separado la imposibilidad de reinserción del condenado.”

No obstante, la sentencia no sólo refuta al recurrente, sino a los propios jueces minoritarios en dos párrafos incluidos en el apartado III:

“La sentencia del Tribunal sigue cuidadosamente tanto a Miller como a Montgomery. Los discrepantes afirman no obstante que de alguna manera implícitamente están dejándose sin efecto las mismas. Discrepamos respetuosa, pero firmemente. Esta sentencia no deja sin efecto Miller ni Montgomery. Miller sostiene que un estado no puede imponer de forma necesaria la sentencia de prisión permanente no revisable a un menor de 18 años condenado por asesinato. Nuestra decisión de hoy no contraviene tal doctrina. Montgomery afirmó ulteriormente que Miller se aplica de forma retroactiva en revisiones colaterales. Nuestra decisión de hoy tampoco lo contradice.

Simplemente, tenemos una discrepancia de buena fe con los disidentes a la hora de interpretar Miller y Montgomery. Este tipo de debate acerca de cómo interpretar los precedentes relevantes es algo común. En este caso, los disidentes piensan que estamos restringiendo indebidamente Miller y Montgomery. Por el contrario, nosotros pensamos que los disidentes están ampliando indebidamente tales sentencias. Los discrepantes trazan inferencias acerca de lo que, desde su punto de vista, Miller y Montgomery “debieran haber dicho” in orden a que las sentencias “tuviesen algún sentido”. Nosotros, sin embargo, nos apoyamos en lo que Miller y Montgomery dicen, esto es, en su lenguaje explícito…..

Con todo, el último párrafo de la sentencia contiene un rayo de esperanza para el recurrente, puesto que la resolución judicial se cierra con la siguiente reflexión:

“Finalmente, nuestra resolución de hoy dista mucho de constituir la última palabra acerca de si Jones recibirá alivio de su sentencia. Jones afirma que ha mantenido un buen comportamiento en prisión y que es una persona diferente a la que era cuando asesinó a su abuelo. Articula diversos argumentos morales y de oportunidad de por qué no debería permanecer en prisión. Nuestra decisión permite a Jones presentar estos argumentos a los empleados públicos estatales competentes para resolver los mismos, tales como el legislativo estatal, los tribunales estatales o al gobernador. Esos caminos estatales para aliviar la sentencia permanecen abiertos para Jones, y permanecerán por los años venideros.”

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