LA ADQUISICIÓN DEL «DISTINTIVO AMBIENTAL»: CUANDO LA ADMINISTRACIÓN AÑADE AL HURTO EL ESCARNIO.

Las diversas Administraciones españolas ha adquirido un refinamiento tan exquisito en su crueldad que ya alcanzan cotas verdaderamente artísticas. No se contentan ya con exprimir lo más posible al ciudadano hurtándole periódicamente sus haberes, sino que añaden al descarado hurto el escarnio. Un ejemplo muy reciente puede encontrarse con el distintivo ambiental.

Partamos del hecho que, según el Anexo XI del vigente Reglamento General de Vehículos contempla el “distintivo ambiental” que “identifica la clasificación ambiental que el vehículo tiene en el Registro de Vehículos”, si bien la colocación del distintivo no es en principio obligatoria, en tanto en cuanto se dispone que “la Administración competente podrá establecer la obligatoriedad de la colocación del distintivo en el vehículo, mediante su inclusión expresa en el instrumento normativo que le corresponda por razón de su competencia.” Así, por ejemplo, la Ordenanza de Movilidad Sostenible del Ayuntamiento de Gijón establece en su artículo 11 la obligatoriedad de su exhibición (“deberá exhibirlo”) para circular y estacionar en el término municipal.

Hemos de partir que el distintivo es algo absolutamente prescindible, puesto que un vehículo contamina o no con independencia de la exhibición de etiqueta o distintivo alguno, sin que fuese preciso otro documento más que el permiso de circulación para acreditarlo, toda vez que en la tercera década del siglo XXI, donde los agentes encargados de vigilar la seguridad y la circulación en las vías públicas cuentan con dispositivos que permiten, introduciendo los datos de un vehículo concreto, verificar si el mismo cumple la normativa medioambiental o no, todo ello con independencia que las revisiones periódicas al que el medio de transporte en cuestión debe someterse en la Inspección Técnica de Vehículos hace que el distintivo ambiental tenga el mismo sentido que pudiera tenerlo una etiqueta o distintivo que debiera obligatoriamente exhibir toda persona para acreditar que es mayor de edad.

La única explicación posible para la imperatividad de exhibir el distintivo ambiental es tan sólo la recaudatoria, en tanto en cuanto que el coste de la etiqueta en cuestión asciende a cinco euros y para cuya obtención ni tan siquiera se precisa el examen físico del vehículo, sino tan sólo el permiso de circulación (y, a veces, ni tan siquiera eso, bastando facilitar el número de matrícula), una prueba más de la absoluta inutilidad práctica del distintivo en cuestión.

No obstante, cuando el infortunado ciudadano que resida en un municipio que haya decidido esquilmar el bolsillo del administrado una vez más acude a cualquiera de las oficinas que expiden tal distintivo, una vez se desprende del billete de cinco euros que pasa a las manos de la Administración, recibirá la etiqueta acompañada de una misiva con el membrete de la Dirección General de Tráfico y de la entidad Correos y Telégrafos, misiva que, iniciándose con la expresión “Apreciado/a titular” y tras exponer la naturaleza del distintivo ambiental y el lugar donde ha de ubicarse dentro del vehículo, finaliza con la siguiente frase:

“Gracias por contribuir a una movilidad más sostenible y segura”

Confieso que al pasar la vista por dichas palabras quien suscribe experimentó una mezcla de estupor e indignación. Y ello por varias razones:

1.- En primer lugar, porque maldita sea la gracia que tiene el forzar al ciudadano a hacerse con un distintivo absolutamente prescindible e inútil (en cuanto el mismo no constituye ni establece nada, tan sólo identifica algo que es posible constatar tan sólo con el permiso de circulación) y que, además, tiene un coste. Dar las gracias por su adquisición tiene exactamente el mismo valor que si los esbirros de Al Capone o Lucky Luciano transmitiesen su agradecimiento a los hosteleros que abonaban cantidades exigidas en concepto de “protección”.

2.- En segundo lugar, quien suscribe está literalmente hasta los mismísimos del adjetivo “sostenible”, cuya omnipresencia ya hiede, aunque quizá esto sea la particular idiosincrasia del autor de estas líneas. El uso del vocablo es tal que sólo falta se predique de las deposiciones realizadas en los excusados o se exija del resultado de la micción.

En definitiva, que a los diversos entes públicos que pueblan nuestro rico y variopinto país ya no les basta el innoble arte de esquilmar al ciudadano, sino que, además, añaden al hurto el escarnio. Un escarnio, eso sí, “sostenible” y “resiliente”.

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1 comentario en “LA ADQUISICIÓN DEL «DISTINTIVO AMBIENTAL»: CUANDO LA ADMINISTRACIÓN AÑADE AL HURTO EL ESCARNIO.

  1. peregrino01cac

    Totalmente de acuerdo con el artículo y con lo «sostenible» pero añadiría otros palabros actuales que me resultan especialmente odiosos: resiliente, azul y verde semabrados por doquier, empoderar… la lista podría hacerse interminable.

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