PETICIÓN DE CERTIORARI EN EL CASO DOE v MCKEE: NASCITURUS, PERSONALIDAD Y TITULARIDAD DE DERECHOS.

El pasado día 1 de septiembre de 2022 se presentó en la secretaría del Tribunal Supremo de los Estados Unidos la petición de certiorari en el asunto Doe v. McKee. Se trata de un asunto cuyo fondo material descansa sobre la reciente sentencia Dobbs v. Jackson, algo que se explicita incluso en las cuestiones que la parte recurrente somete al alto tribunal para su consideración, y que son las siguientes:

“1.- Si a la luz de Dobbs v. Jackson Women´s Health Organization, el Tribunal Supremo de Rhode Island erró al afirmar que los recurrentes aún no nacidos, con independencia del periodo de gestación, no gozan de la protección y garantías que ofrecen las cláusulas de proceso debido e igualdad de la Constitución de los Estados Unidos.

2.- Si a la luz de Dobbs v. Jackson Women´s Health Organization, el Tribunal Supremo de Rhode Island erró al afirmar que los recurrentes aún no nacidos, con independencia del periodo de gestación, carecen rotundamente de legitimación para defender sus derechos.”

Las recurrentes, a quienes el escrito formalizando el recurso identifica como Baby Mary Doe y Baby Roe, en realidad son dos concebidos y no nacidos por lo que, evidentemente, la acción procesal la entablan sus respectivas madres (embarazadas de 35 semanas en el primer caso y 14 en el segundo) a las que se han unido dos organizaciones cristianas. A través de esta vía se pretende impugnar la resolución del Tribunal Supremo de Rhode Island que había inadmitido a trámite la impugnación que habían efectuado de una normativa estatal que pretendía codificar la normativa sobre interrupción del embarazo, dándose, además, la circunstancia que se trataba de una normativa bastante rigurosa y restrictiva dado que tipificaba como delito la práctica de abortos efectuada con posterioridad a la “viabilidad fetal”, definida como “estado de gestación donde, según criterio médico en base a las circunstancias particulares del caso, se considere que existe una probabilidad razonable de que el feto pueda sobrevivir desprendido del seno materno con o sin ayuda artificial.”  Se da la circunstancia que, según consta en el propio escrito formalizando el recurso, la resolución judicial impugnada no había sido publicada, puesto que fue “dictada inmediatamente tras la vista relativa a la inadmisión alegada por los demandados”.

Veamos cómo se aborda esta delicada cuestión en el recurso. Para empezar, se justifica el mismo planteamiento de la cuestión al amparo de la recentísima sentencia Dobbs y los asuntos que dejó irresueltos a juicio del recurrente:

“El Tribunal, al resolver el asunto Dobbs v. Jackson Women´s Health Organization, orilló la cuestión relativa a “en qué momento la vida prenatal es acreedora a gozar de los derechos que se poseen tras el nacimiento. Los recurrentes en este caso ofrecen a este Tribunal la oportunidad de enfrentarse a esa inevitable cuestión. Este tribunal afirmó en Dobbs que: “Roe fue un rotundo error desde el principio”, por lo que su revocación de Roe v. Wade y Planned Parenthood of Southeastern Pa v. Casey con total seguridad implican el rechazo de este Tribunal a la afirmación de Roe según la cual “el vocablo “persona”, tal y como se utiliza en la Decimocuarta enmienda, excluye a los no nacidos.”

A continuación, contiene esta curiosísima afirmación:

“Los recurrentes en certiorari al plantear las cuestiones al resolver no solicitan del Tribunal que adopte cualquier “teoría de vida” concreta. Solicitan tan sólo que este Tribunal identifique las garantías con que los recurrentes (y cualquier demandante no nacido con independencia del periodo de gestación en que se encuentre) pueden contar bajo la decimocuarta enmienda, y determine si a los seres humanos no nacidos pueden categóricamente denegárseles el acceso a los tribunales para impugnar una normativa reguladora del aborto.”

Digo que el anterior párrafo es curioso porque, apenas una página después, el recurrente afirma que la normativa objeto de impugnación en el pleito de instancia:

“priva a los recurrentes, Baby Mary Doe y Baby Roe, de su “personalidad” al derogar la normativa general de Rhode Island que disponía “la vida humana comienza en el instante de la concepción y la citada vida humana en el instante de la concepción es una persona a los efectos de la decimocuarta enmienda de la Constitución de los Estados Unidos”.

En otras palabras, pese a que el recurrente manifiesta que no solicita del Tribunal que adopte una determinada concepción de la vida, en realidad basa su recurso en la derogación de una ley que sí lo hacía (al ligar inicio de la vida con la concepción), por lo que en el fondo está, en realidad, incurriendo en lo que expresamente manifiesta no solicitar del órgano judicial al que se dirige. Pese a ello, intenta centrar jurídicamente el asunto de la siguiente forma:

“¿Poseen los seres humanos no nacidos, en cualquier periodo de la gestación, cualquier derecho bajo la Constitución de los Estados Unidos? ¿O Dobbs ha relegado a todos los seres humanos no nacidos al estatus de persona non grata a los ojos de la Constitución de los Estados Unidos, por debajo de las Corporaciones y otros entes ficticios? Ningún tribunal estatal o legislativo puede responder a estos interrogantes. Tan sólo el Tribunal puede hacerlo, como intérprete máximo de la Constitución.”

A la hora de justificar los motivos por los cuales el Tribunal Supremo debería admitir a trámite el certiorari, lo hace de la siguiente forma:

I.- Este Tribunal debería admitir el recurso y aclarar “cuándo la vida prenatal es acreedora a los derechos que posee tras el nacimiento […] II.- Este tribunal debería admitir el recurso y clarificar cuándo los seres humanos no nacidos tienen legitimación para acceder a los tribunales.”

En las líneas finales del recurso se insiste en que las cuestiones planteadas “son inevitables a la luz de Dobbs” y que los autos demuestran que es necesario “resolver los asuntos que Dobbs dejó irresuelto. Y este es el momento

Creo que a lo largo del escrito de formalización del recurso se entremezclan dos vocablos que, cuando menos en el sistema jurídico español, no son sinónimos: personalidad y protección del no nacido (o nasciturus). El artículo 29 del Código Civil lo dejó ya bien claro en su redacción originaria: “El nacimiento determina la personalidad; pero el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables, siempre que nazca con las condiciones que expresa el artículo siguiente.” El trigésimo artículo sí ha experimentado una modificación hace una década, pues en la redacción actual la personalidad se adquiere “en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno”, desterrando así la arcaica redacción original (que es la que me tocó estudiar en mis tiempos universitarios) que reputaba nacido al “feto que tuviere figura humana y viviere veinticuatro horas desprendido del seno materno”. Así, en efecto, el nasciturus carece de personalidad (dado que no se ha producido el hecho que le da inicio, cual es el nacimiento) sin que ello implique que carezca de protección, como, por ejemplo, la posibilidad de ser titular de derechos sucesorios. Ahora bien, de ahí a que pueda ostentar legitimación activa para impugnar una normativa legal sobre el aborto, media un abismo.

En el curso judicial 2022-2023, que para el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dará comienzo el próximo lunes día 3 de octubre, el máximo órgano judicial deberá resolver si admite o no a trámite el recurso.  

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