EL CHIEF JUSTICE ROBERTS DISERTA SOBRE EL PODER JUDICIAL, LA LEGITIMIDAD DEL TRIBUNAL SUPREMO Y LA VIDA JURÍDICA.

Constituye una verdadera delicia escuchar la disertación de personas que incorporan a su prodigiosa sapiencia jurídica su indudable carisma personal y un envidiable sentido del humor. Por eso las intervenciones del chief justice John Roberts siempre contienen jugosas aportaciones al mundo del Derecho, y la que tuvo lugar el pasado día 9 de septiembre de 2022 en Colorado no fue una excepción. El tiempo y el formato eran ciertamente notables: fue su primera aparición pública tras la controvertida sentencia Dobbs v. Jackson, y, en vez de una conferencia, Roberts optó por someterse a las preguntas que le hicieron dos de sus colegas, el anterior y el actual chief justice del Tribunal de Apelaciones del Décimo Circuito.

La intervención de Roberts no fue muy extensa (cuarenta minutos escasos), a la que cualquier interesado puede acceder dado que es de acceso libre y gratuito en la página web de la cadena C-SPAM, aunó cuestiones de naturaleza estrictamente jurídica con recuerdos y evocaciones personales vinculados a su carrera profesional, y dejó algunas que otras reflexiones de interés. Detengámonos en algunas de ellas.

Primero.- Necesidad de separar entre discrepancia jurídica y cuestionamiento de legitimidad del Tribunal.

1.1.- Al ser preguntado acerca del anterior periodo de sesiones, el chief justice hubo de reconocer que fue “atípico difícil”, más no por cuestiones internas, sino por el hecho de que los jueces se viesen obligados a acudir al Tribunal superando las vallas que lo rodeaban o el hecho de celebrar las vistas orales en la sede del órgano jurisdiccional pero sin público, situación ésta que describió como “antinatural”. Pero a continuación efectuó la siguiente afirmación en defensa de la institución que preside:

“El Tribunal siempre ha resuelto asuntos controvertidos y las resoluciones siempre han estado sujetas a una intensa crítica. Esto es totalmente adecuado. Sentirse libre para criticar nuestras sentencias y cómo hacemos nuestro trabajo. Esa crítica basada en el contenido de las sentencias lleva a la cuestión de la legitimidad del tribunal. Creo que es un error ver la crítica en esa dirección. La legitimidad del tribunal descansa en el hecho de que satisface los requisitos de la ley y la constitución para, como indicó John Marshall, interpretar la ley. Tal es la finalidad del Tribunal Supremo. Dicho papel no cambia porque el pueblo manifieste su disconformidad con una sentencia o el criterio particular de la jurisprudencia. Obviamente, el pueblo puede manifestar lo que quiere y es ciertamente libre para criticar al Tribunal Supremo si desean manifestar que está en duda su legitimidad. Es libre de hacerlo. Pero no entiendo el vínculo entre una sentencia que el pueblo no comparte y la legitimidad del tribunal. Si el tribunal no retiene su legítima función, no estoy seguro de quien ha de hacerlo. Seguro que no querrían que fuesen las ramas políticas la que interpretasen la ley y no querrían que la opinión pública fuese la guía para determinar lo apropiado de una sentencia. Todas nuestras resoluciones están abiertas a crítica, y algunos de los miembros del tribunal realizan un gran esfuerzo a la hora de criticar a los otros [risas]. Pero que la opinión pública muestre su disconformidad con una sentencia no sirve de base para cuestionar la legitimidad del tribunal.”

Durante los últimos tres años, Roberts siempre ha defendido la integridad del poder judicial en general y el órgano judicial que preside frente a los ataques que viene recibiendo, y justo es decir que en esa tarea ha recibido el apoyo unánime de sus colegas, entre ellos jueces tan ideológicamente dispares del chief justice como la fallecida Ruth Bader Gisburn o el ya retirado Stephen Breyer. Éste último, además, en el ecuador de la pandemia manifestó en una conferencia realizada de forma telemática las mismas opiniones que Roberts, criterios que, además, ulteriormente sirvieron de base para el libro The authority of the Court and de peril of politics. Breyer, al igual que Roberts, manifestaba que cualquier sentencia está abierta a la sana crítica, e incluso a las críticas más feroces sin que ello implicase en modo alguno negar legitimidad al tribunal. En un libro anterior, Making our democracy work. A Judge´s view, Breyer incluso ofreció un ejemplo: el atípico asunto Bush v. Gore. La sentencia fue muy criticada, e incluso Breyer reconoció que él era uno de los discrepantes, pero ello no fue óbice para que la sentencia fuese obedecida e incluso que la propia parte derrotada, Al Gore, pidiese de forma expresa que se acatase la sentencia y no se pusiese en cuestión la integridad del tribunal.

Así pues, Roberts ya ofrece una primera observación: cualquiera es libre para someter a crítica, e incluso a la crítica más dura posible, una resolución judicial e incluso al propio juez, pero no cabe vincular o equiparar dicha crítica a una falta de legitimidad.

1.2.- Otra de las cuestiones relevantes es el papel que la colegialidad tiene en el seno del Tribunal. Roberts destacó que existen, como no podía ser menos, división de opiniones jurídicas, algo lógico debido a la diversa procedencia, a las vivencias personales de cada uno y la formación recibida, que lógicamente conllevan un impacto en su visión del mundo en general y del derecho en particular. Pero, reconocido este punto básico, negó que existiese conflicto personal alguno entre los jueces y que la relación entre ellos es de calurosa amistad, y que la gente se sorprendería al ver que en las deliberaciones entre los jueces nunca existe una voz más alta que la otra. En este punto, sobre la importancia de la colegialidad, y tras manifestar que la recién nombrada juez Jackson hará “un gran trabajo”, de nuevo tira Roberts de una vivencia personal:

“Recuerdo que cuando me incorporé, mis colegas vinieron a recibirme así como informarme de cómo funcionaba el Tribunal. Tuve doce visiones diferentes de ocho personas. Son un grupo de gente increíble. Es una extraordinaria institución donde se encuentran gentes que proceden de entornos diferentes y de diversas partes del país, diferentes visiones del derecho y de muchas cosas, trabajando juntos durante veinte o veinticinco años tratando con los asuntos más importantes que afronta el país. Y encuentro fascinante el modo en que encontramos el modo de llevarnos bien. No quiero decir que seamos un matrimonio de conveniencia, pero es una dinámica fascinante. Pienso que hacemos lo mejor para asegurarnos que trabajamos cómodamente. “

Segundo.- Papel de la Conferencia Judicial en el sistema estadounidense.

Una de las particularidades que ofrece el sistema judicial estadounidense es la existencia de la denominada Judicial Conference, organismo que precisamente este año celebra su primer siglo de existencia. Se trata del órgano de gobierno de los jueces, y está integrado única y exclusivamente por miembros del poder judicial, en concreto por el presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos (que preside igualmente el organismo), el presidente del Tribunal de Apelaciones de cada circuito, el presidente del Tribunal de Comercio Internacional y un juez de cada uno de los distritos. Veamos cómo describe Roberts a este organismo:

De esta forma nos encargamos de nuestros propios asuntos. Tiene su origen en el presidente Taft cuando fue chief justice, quien pensó que el sistema judicial era un caótico desorden. Y lo era. El Congreso interfería a la hora de aprobar normas procesales. No había criterio a la hora de establecer las exigencias presupuestarias. Fue [Taft] el principal impulsor de que la Conferencia Judicial asumiera las competencias que se encontraban dispersas. La Conferencia ha realizado un papel valiosísimo asegurándose que se trata con las necesidades de nuestra institución

Es curioso que William Howard Taft, única persona en la historia de los Estados Unidos que ocupó tanto la presidencia de la nación (entre el 4 de marzo de 1909 y el 4 de marzo de 1913) y la del Tribunal Supremo (entre el 11 de julio de 1921 y el 3 de febrero de 1930) fuese el gran impulsor de las reformas para garantizar el mejor funcionamiento del poder judicial. A él se debe no sólo la creación de la Conferencia Judicial, sino el impulso de la normativa que dejó al Tribunal Supremo en plena libertad para la gestión de su agenda judicial y, sobre todo, para dotarle de una sede propia (desde 1801 hasta 1935 tuvo su sede en las dependencias senatoriales).

Lo relevante es que las cuestiones que atañen a aspectos exclusivamente procesales y de gestión, están atribuidas a la Conferencia Judicial, que es un órgano integrado única y exclusivamente por jueces. Se trata, pues, de un órgano por y para jueces sin que tengan entrada en el mismo personas ajenas al mundo judicial.

Tercero.- Actividades judiciales del chief justice: canciller del Smithsonian.

Desde la puesta en marcha del sistema constitucional, al chief justice se le integró como miembro nato de diversos organismos públicos. Pues bien, entre las obligaciones extrajudiciales se encuentra la de ser canciller del Smithsonian. Así describe Roberts ese curioso y desconocido aspecto del cargo que ostenta, y que le permitió, con su enorme sentido del humor, reconocer el haber cometido un acto “inapropiado”:

Cuando la gente me pregunta qué es lo mejor de ser chief justice, respondo que es porque ello te convierte en Canciller del Smithsonian [risas] Es el mayor centro educativo y de investigación del mundo. Realiza una extraordinaria investigación científica con los museos. Su órgano de gobierno es la Junta de Regentes. La ciencia, el campo de la investigación, el campo de las artes. Es un maravilloso grupo de personas. Yo debo presidir sus reuniones. […] Estoy orgulloso de los encuentros con ellos porque me han proporcionado momentos maravillosos. Por ejemplo, he podido tocar la toga de John Jay, que está en el smithsonian. El encargado no estaba mirando en ese momento, porque se supone que no debe hacerse. Uno de mis momentos favoritos fue cuando Marsalis, Wenton Marshallis, efectuó una interpretación [de trompeta] y pensé que sería genial si pudiese hacerlo con la trompeta de Louis Armstrong. En elcargado no estaba muy por la labor, pero logramos que pudiese hacerlo y tuvimos la alegría inmensa de verle interpretar con ella y reflexionar sobre la historia que tenía detrás”.

Tras esa intervención, Timothy Timkowich, el anterior chief justice del Tribunal de Apelaciones del décimo circuito, manifestó que en su despacho tenía encuadrada una firma manuscrita de Jay, a lo que Roberts replicó: “pero yo toqué su toga.” En efecto, la toga del primer chief justice, con los lógicos estragos que conlleva el devenir del tiempo, se conserva en el Smithsonian, y el lector puede comprobar que era ligeramente distinta a la que actualmente utilizan los jueces.

Cuarto.- Vivencias personales e impacto en la vida profesional.

La intervención estuvo plagada de recuerdos personales, desde su temprana actuación como law clerk de William Rehquist hasta su paso como asesor por el Departamento de Justicia y el ulterior ejercicio de la abogacía privada, para terminar en la carrera judicial como juez del Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia y, finalmente, chief justice de los Estados Unidos. Puesto este último del que manifestó, con su envidiable sentido del humor, en el que “puedo permanecer todo el tiempo que desee y, cuando considere que debo retirarme, me seguirán pagando.” A lo largo de estas evocaciones tuvo un emotivo recuerdo para Rehnquist y para Byron White. Del primero manifestó:

“Era más difícil trabajar para el que para el resto de los jueces, dado que sólo tenía tres [law clerks] cuando el resto tenía cuatro. Le encantaba jugar al tenis, por lo que hacíamos un 30% más de trabajo para poder jugar. Estaba adelantado a su tiempo en maneras que creo no podían percibirse. Tenía una frase, según la cual, si deseas pasar tiempo con tus hijos pequeños, debes hacerlo cuando son pequeños.”

De igual forma que su relación con Byron White sólo le trajo “moratones”, y ello porque:

“Jugamos a baloncesto un par de veces. No me percaté que era perfectamente legal empujar a alguien contra la pared. Recuerdo que consideré sería genial conocer a otro juez. Vino y me dijo “juguemos”, y al finalizar “gracias”.

También reflexionó sobre el cambio tecnológico que tuvo lugar desde su primer contacto con el mundo judicial (cuando no existían procesadores de textos, los escritos se realizaban a máquina y las copias con papel carbón, de igual manera que las búsquedas de jurisprudencia debían realizarse manualmente en los gruesos volúmenes encuadernados en cuero) hasta la actualidad. De igual forma que insistió en el principio que rige su forma de elaborar las sentencias en general y cualquier escrito en particular: la claridad y el que puedan ser comprensibles por el ciudadano medio.

En definitiva, la intervención de Roberts no sólo permite al ciudadano lego en derecho familiarizarse con los puntos básicos del funcionamiento del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, sino que pasará un rato agradable, ameno y divertido.

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