IN MEMORIAM: ANGELA LANSBURY (1926-2022)

Quienes a principios de los ochenta abandonábamos progresivamente la niñez para entrar en la adolescencia recordamos con cariño la deliciosa serie de televisión Se ha escrito un crimen, donde Jessica Fletcher, una profesora jubilada que residía en la pequeña localidad de Cabot Cove, en Maine (aunque en sus frecuentes desplazamientos por el territorio igual afincaba en Nueva York que en San Francisco) resolvía cada semana un aparentemente irresoluble crimen. La serie, que contaba con una pegadiza sintonía de apertura, se prolongó a lo largo de doce temporadas y cuatro telefilms, y popularizaron a su intérprete; de hecho, merced a las frecuentes reposiciones en las diferentes televisiones y a su incorporación a diversas plataformas (aunque recientemente, y sin aparente explicación, desapareció de estas últimas) han hecho de la protagonista, Angela Lansbury un rostro familiar a varias generaciones. Desde entonces, quizá de forma harto injusta, el nombre de Angela Lansbury ha estado vinculado inexcusablemente al de Jessica Fletcher; y esa vinculación es más fuerte de lo habitual, pues un dato no muy conocido, y es que MacGill, el apellido de soltera de Jessica Fletcher, era en realidad el apellido materno de Lansbury. Por ello, cuando la actriz falleció el pasado día 11 de octubre de 2022 a escasos cuatro días de cumplir los noventa y siete años, medios de comunicación escritos y audiovisuales la recordaron evocando el personaje que tanta fama la había dado. Algo injusto, por cuanto al iniciar el rodaje de la serie Lansbury atesoraba ya cuatro décadas de trabajo ininterrumpido en cine y teatro.

El debut cinematográfico de Lansbury se produjo en 1944 nada menos que en Luz que agoniza, remake cinematográfico de la película inglesa Luz de Gas, y donde encarnaba a Nancy, la seca y algo descarada sirvienta a quien el personaje encarnado por Charles Boyer lanzaba algún que otro dardo envenenado y mirada que hoy en día bordearía peligrosamente el ilícito penal. Desde entonces, su presencia fue constante en el séptimo arte, y así, un año después de su debut tuvo un papel destacado en El retrato de Dorian Gray, donde encarnó a Sybil Vane, la actriz a quien enamoraba y ulteriormente abandonaba el protagonista del relato, encarnado por Hurt Hatfield, quien cuatro décadas más tarde volvería a coincidir con Lansbury en varios capítulos de la popular serie a la que se aludió en el primer capítulo. Pero también encarnó a Clotilde de Marelle en La vida privada de Bel-Ami, adaptación del relato de Guy de Maupassant, donde compartía protagonismo con el siempre elegante y cínico George Sanders, con quien volvería a coincidir en Sansón y Dalila, donde interpretaba a un personaje que según la tradición bíblica no existía, dado que no consta que la mujer de la que Sansón se enamoró tuviese una hermana mayor; película en la que, por cierto, el director, Cecil B. De Mille terminó arrepintiéndose de contratar como protagonista a Victor Mature, quien heredó un papel rechazado por Burt Lancaster. A personajes y films no tan conocidos sumó Lansbury otros bastante más populares, como la adaptación que George Sydney realizó en 1948 de la célebre novela de Dumas, y donde encarnaba a la reina Ana de Austria, aunque en esta ocasión el magnífico Vincent Price robase la función a todo el reparto gracias a su impecable caracterización de Richelieu; papel que en cierta medida parodió en El bufón del rey, donde encarnaba a la princesa Gwendolyne, que caía rendida ante el “héroe” encarnado nada menos que por Danny Kaye (quien a su vez protagonizaba un hilarante duelo a espada con el gran Basil Rathbone) y en la que “amenazaba” constantemente a su dama de compañía (interpretada por una divertidísima Mildred Natwick) con una rotunda frase: “Remember: If he dies, you die”. La versatilidad de Lansbury le permitió encarnar papeles tan diversos como el dramático rol de Eleanor, la traidora y siniestra madre del protagonista en El mensajero del miedo (The manchurian candidate) y el divertido rol de Mabel Claremont en la comedia Mamá nos complica la vida (horroroso título español que maltrata el sentido del original, The reluctant debutant), donde encarnó a una familiar de Sheila Broadbent (Kay Kendall), que era descrita por el protagonista, encarnado por un también divertido Rex Harrison, como “una prima lejana de Sheila, aunque lamentablemente siempre está demasiado cerca”. Curiosamente, también participó en dos adaptaciones cinematográficas de obras de Agatha Christie: la primera, Muerte en el Nilo, en la que coincidía con su cuñado Peter Ustinov, y la segunda en El espejo roto (que tiene como base un episodio real que padeció la actriz Gene Tierny) y en donde encarnaba nada menos que a Miss Jane Marple, la anciana residente en el pueblecito inglés de St Mary Mead con un ojo detectivesco a la hora de resolver crímenes. El público quizá la recuerde más por sus papeles en Bedknobs and broomsticks (me niego a utilizar el título con el que se difundió en nuestro país) en la que se mezclaban imágenes y dibujos, película en la que compartía escena con uno de sus grandes amigos, Roddy McDowell (con quien volvería a coincidir en un episodio de Se ha escrito un crimen) en su breve cameo. También es recordada por haber prestado la voz a Miss Potts, la entrañable tetera de La bella y la bestia, y donde interpretaba la canción que dio título al film. Lansbury se mantuvo en activo prácticamente hasta el final, dado que en 2018 participó en El regreso de Mary Poppins encarnando a la dama de los globos, un breve papel inicialmente pensado para que lo encarnara Julie Andrews a modo de homenaje. Su última aparición, que lamentablemente será ya póstuma, tuvo lugar en la película Glass Onion: A Knives out mistery, aún pendiente de estreno, donde participó interpretándose a sí misma.

Lansbury también fue un rostro habitual en los escenarios de Broadway, donde, por ejemplo, encarnó durante un año a la institutriz protagonista de El rey y yo, o en la alocada médium en Un espíritu burlón, de Noel Coward (que en su versión cinematográfica fue interpretado curiosamente por Margaret Rutherford, conocida por haber encarnado en varias ocasiones a Miss Marple). No obstante, su papel más conocido en las tablas fue el de Mrs Lovet en el musical Sweeney Todd, donde su partenaire fue su gran amigo Len Cariou, a quien volvería a encontrar en varios episodios de la célebre serie de misterio. Cariou y Lansbury permanecieron siempre en contacto, y se felicitaban respectivamente en sus cumpleaños que tenían lugar en fechas muy cercanas, dado que el Cariou lo celebra el 30 de septiembre y Lansbury lo hacía el 16 de octubre. En una entrevista celebrada con motivo del fallecimiento de su amiga, Cariou, tras recordar con cariño a su amiga, confesaba que en el que ya sería su último cumpleaños, el 16 de octubre de 2021, Lansbury le había confesado: “It´s just silly being this old”.

Insertamos a continuación dos temas musicales interpretados por la actriz. El primero, Age of not believing, forma parte de la película Bedknobs and broomsticks. El segundo, el conocidísimo Send in the clowns, interpretado en directo en un acto de homenaje a Setphen Sondheim en 1993.

Y no estaría completa esta entrada si, por supuesto, no se ofreciese la pegadiza sintonía de la célebre serie televisiva por la que en gran medida es hoy recordada.

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