FELICITACIÓN NAVIDEÑA DE LA MANO DE BING Y FRANK.

Un año más llegan estas fiestas, que para algunos supondrán la alegría de reunirse en torno a sus familiares y para otros la tristeza de celebrarlas con personas cercanas que ya no están. En uno de sus magníficos artículos donde agavilla el comentario cinematográfico con la vivencia personal, el maestro José Luís Garci indica que a medida que los años se amontonan en nuestra espalda uno cada vez más identifica la navidad con los recuerdos de infancia. De esa forma, el célebre director español recuerda las navidades de su niñez, unas navidades (en su caso, en blanco y negro, como las películas del Hollywood dorado) que se iniciaban el día veintidós de diciembre a los sones de los niños de San Ildefonso al cantar los premios de la lotería y finalizaban la noche del seis de enero cuando, sin apenas tiempo para disfrutar de los juguetes que habían dejado los Reyes Magos, uno debía acostarse pronto dado que al día siguiente se reanudaba la actividad escolar. Aunque una generación posterior a la suya, lo cierto es que en cierta medida las navidades de mi niñez se parecen en gran parte a las de Garci, con la salvedad de que las mías ya fueron en technicolor y con algunos detalles (como acudir físicamente a la misa del gallo) ya suprimidos.

Este año me gustaría felicitar las navidades a los lectores de este blog de una forma especial. Les ruego que hagan uso de esa máquina del tiempo que es la imaginación y retrocedan hasta un lugar indeterminado de los Estados Unidos a principios de los años cincuenta. Desde el exterior de un inmueble, a través de la ventana pueden contemplar un salón al que se accede directamente desde la puerta de entrada, situada a un nivel superior en tres escalones a la planta. No falta una estantería generosamente surtida de libros, un canapé y una mesa, y varios adornos que nos permiten situar la escena en las fiestas navideñas. En el salón hay dos personas de mediana edad, elegantemente vestidas. Una de ellas, de cabello rubio, se aproxima a la ventana y, con su voz de crooner, empieza a cantar el villancico White Christmas. La otra persona, que queda en segundo plano, transcurridos unos instantes se levanta y se acerca igualmente a la ventana, con dos tazas de café, para unirse a su amigo en el villancico, que terminan ambos a una. Acabada la interpretación, ambos se manifiestan recíprocamente sus buenos deseos (“feliz navidad, Bing”, “feliz navidad, Frank”) y hacerlos extensivos al público (“feliz navidad a todos”), y regresan al centro del salón, donde ya les espera una mesa bien repleta que les va sirviendo un mayordomo enfundado en la tradicional chaqueta blanca, mientras la cámara se aleja progresivamente de esa hogareña escena evidenciando cómo en el exterior comienza a nevar. De esta forma tan entrañable, Bing Crosby y Frank Sinatra felicitaban las fiestas navideñas a los estadounidenses.

Felices fiestas a todos.

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