LA DEGRADACIÓN DE LA POLÍTICA. LA SOMBRA DE CEPIO PESA SOBRE RAJOY

Caricatura

En el año 106 a.C el romano Quinto Servilio Cepio fue elegido cónsul de Roma. Perteneciente a una distinguida familia de la capital y de una inmensa fortuna personal, el acceso a la cúspide política, en culminación del cursus honorum, tuvo lugar en unas circunstancias políticas muy difíciles, debido a la amenaza de una invasión bárbara. Dado que la duración del consulado se limitaba a un año, en el 105 a.C Cepio obtuvo del Senado romano (donde se encontraba representada la clase política aristocrática, los optimates, a la que Cepio pertenecía) le destinó a la provincia gala con un mandato proconsular a fin de que comandase el ejército que oponer a los bárbaros que amenazaban la independencia y soberanía romanas. Pese a que Cepio no necesitaba desempeñar ningún cargo político para obtener una fortuna personal que ya poseía, no por ello dejó de preocuparse por su fortuna personal durante su mandato y así, durante su etapa de destino en Tolosa, saqueó literalmente la ciudad para buscar el legendario aureum tolosanum, el tesoro que una tribu había escondido en dicha ciudad. Finalmente, Cepio encontró el tesoro, lo inventarió y lo envió a Roma, donde únicamente llegó una pequeña cantidad dado que la columna de soldados que protegía el tesoro fue asaltada y masacrada por un grupo de salteadores que se llevaron gran parte de las riquezas, aunque hubo muchas voces que apuntaron a que el ataque fue planeado y sufragado por el propio Cepio para hacerse con el oro y aumentar su ya inmensa fortuna. Con ello tenía una mancha sobre su trayectoria profesional, que se agrandó aún más cuando el ejército romano fue avasallado por la tribu bárbara de los cimbros debido a la arrogancia del procónsul, que se negó a unir sus tropas a las del cónsul Cneo Malio Máximo porque éste no pertenecía a la clase de los optimates y por tanto, aún siendo Malio jurídicamente superior debido a su cargo consular, Cepio se negó expresamente a obedecer para no someterse a alguien a quien socialmente consideraba un inferior. El pueblo romano, ya enojado por el asunto del aureum tolosanum, se enardeció cuando supo las circunstancias de la derrota. Y aunque los optimates trataron de proteger a quien era uno de los suyos, no pudieron evitar que con el tiempo Cepio fuese encausado por el desastre de Arausio, siendo declarado culpable, privado de la ciudadanía romana, confiscados sus bienes y condenado al exilio de por vida. Pese a ello, la familia de Cepio continuó siendo inmensamente rica, y su fortuna pasó a las generaciones posteriores hasta el último descendiente, Marco Junio Bruto, uno de los asesinos de César.

Hoy 14 de julio de 2013 el diario El mundo publicaba unos mensajes personales cruzados entre el presidente del gobierno y líder del Partido Popular, don Mariano Rajoy Brey, y el extesorero de dicha formación política, don Luís Bárcenas, imputado por varios delitos y a quien se acusa de participar en una trama que supondría una financiación ilegal del partido al que pertenecía. Se anuncia para mañana una comparecencia del señor Presidente del Gobierno (ignoramos si será presencial o virtual, y si admitirá o no preguntas). Parece ser que las filtraciones oficiosas iniciales apuntan a que el presidente tiene la “conciencia tranquila” y que no piensa dimitir pese a que el hedor nauseabundo le llega en estos momentos hasta las fosas nasales y ni aislándose con mascarillas puede evitar que el mismo penetre en su órgano olfativo. No caben ya más excusas ni más dilaciones y el gobierno ha de dimitir en pleno, simplemente por un mínimo sentido de la dignidad personal. Y no basta con meras declaraciones de inocencia (que jurídicamente se presume hasta que no se demuestre la culpabilidad en el seno de un proceso judicial) que si aceptables en el ámbito estrictamente procesal no son de recibo en la arena política; en este sentido fue nefasto el precedente sentado por el señor González Márquez a la hora de identificar responsabilidad política con condenas penales, haciendo retroceder el reloj del tiempo varios siglos, en concreto a la baja edad media cuando nace el impeachment como medio de exigir una responsabilidad pura y estrictamente criminal de determinados cargos, pero que ya en pleno siglo XVIII había perdido su razón de ser original para convertirse en una exigencia de responsabilidad pura y estrictamente parlamentaria. No basta argumentar que no se viene a la política a ganar dinero, porque el precedente de Cepio nos demuestra que ni el argumento es válido ni la riqueza personal impide el utilizar un cargo político para aumentar el patrimonio. No sirve oponer una ignorancia sobre lo que ocurría en el seno de la propia formación que se lidera porque, amén de ser una excusa para nada creíble, a dicho aserto podríamos contraponer la afirmación de César Augusto cuando supo la degeneración personal de su propia hija Julia: “Cómo voy a gobernar un imperio si no puedo gobernar una familia”. Tampoco puede perpetuarse en el cargo alegando que el asunto está en los Tribunales, porque una cosa es la responsabilidad penal y otra cosa muy distinta es la responsabilidad política; una persona puede ser criminalmente irresponsable y, sin embargo, políticamente culpable hasta los tuétanos y, si me apuran, aun predicando la irresponsabilidad política un elemental sentido de la decencia y la dignidad imponer una retirada decorosa. Todo parece indicar que en el actual presidente del gobierno prevalecerá la indignidad y el apego al cargo orillando todo asomo de ética tanto personal como política. Lo trágico del caso es que los cargos de financiación ilegal y saqueo generalizado de fondos públicos para desviarlos ilícitamente a fines privados no sólo afecta al partido en el gobierno,  sino al principal partido de la oposición (caso de los ERES de Andalucía) y a tantos y tantos otros (los casos de Convergencia y Unió –en sus dos vertientes-).

Hubo un tiempo lejano en que la política era algo digno, y quienes la desempeñaban identificaban moral pública con moral privada. Desgraciadamente, hace mucho que se ha perdido esa ética de la cosa pública, hoy en día degenerada hasta extremos que podríamos decir sin temor a equivocarnos que, utilizando el símil clásico, se ha convertido el Estado en una cueva de bandidos. Y cuando la cabeza deja de funcionar, el resto del cuerpo (tanto físico como moral) se resiente. Estamos, pues, hablando de la caída de un sistema y de una sociedad. Porque, como indicaba la voz en off que cerraba el largometraje La caída del imperio romano tras ofrecernos durante tres horas cómo el edificio puesto en pie por Marco Aurelio fue derruido por su corrupto sucesor Cómodo: “Así cayó el imperio romano. Porque una sociedad sólo cae cuando se ha destruido a sí misma interiormente”. Lo realmente preocupante es que, incluso en el supuesto de aniquilación del sistema, los actuales gobernantes, al igual que Quinto Servilio Cepio, lograrán mantenerse a flote incluso aunque sean condenados al más ignominioso de los exilios.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

3 comentarios el “LA DEGRADACIÓN DE LA POLÍTICA. LA SOMBRA DE CEPIO PESA SOBRE RAJOY

  1. Pingback: A Rajoy le explota un “barcenazo” en la cara | Liberalismo sin tregua

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