LAS CABALGATAS DE LA POLÉMICA.

Reyes magos

Los pasados días hemos vivido una polémica sobre la nueva estética que a las tradicionales cabalgatas de reyes han otorgado algunas corporaciones locales. Unos y otros han ofrecido sus argumentos, criticando unos la quiebra de las tradiciones y oponiendo otros que se trataba de renovar el tradicional festejo intentando despojarlo de algunos de los elementos más vinculados a la religión para acomodarlo más a un Estado aconfesional. Pues bien, tras haber escuchado a unos y otros, como siempre desde esta bitácora, expondremos los hechos (el origen de la festividad de los reyes magos) para, a continuación, ofrecer nuestra particular visión de la polémica.

LA LEYENDA. Según la historia tradicional que permanece generación tras generación, al nacer Jesús una estrella marcó el camino a tres Reyes Magos (llamados Melchor, Gaspar y Baltasar –los dos primeros blancos, el último de color-) guiándoles desde el lejano Oriente hasta el establo de Belén, donde éstos se postraron ante el niño y le ofrecieron como presentes oro, incienso y mirra. La festividad del seis de enero conmemora el viaje de los tres Reyes Magos y la ofrenda al redentor. Por tanto, se trata de una festividad claramente vinculada a un elemento esencial de la religión católica, cual es la natividad de Jesús.

NARRACIÓN DEL EPISODIO CONMEMORADO EN LAS FUENTES BÍBLICAS. Orillemos el hecho de que en el cristianismo primitivo existían numerosos evangelios, y aceptemos como base o criterio para verificar la realidad de la leyenda las fuentes bíblicas, es decir, a los veintisiete libros que desde el siglo IV constituyen el canon del Nuevo Testamento, remitiéndo al lector interesado en lo referente a la formación del mismo la Guía para entender el Nuevo Testamento, excelente síntesis de Antonio Piñero publicada en la editorial Trotta. Pues bien, veamos cual es el rastro que la leyenda de los reyes magos tiene en los libros del Nuevo Testamento.

1.- Para empezar, comprobaremos que de los cuatro Evangelios, tan sólo en uno se menciona el episodio, y no exactamente como narra la leyenda. En efecto, de los tres evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) tan sólo Mateo lo menciona; por su parte el de Juan (que responde a una filosofía diferente a los otros tres) tampoco dice nada. En el caso de Marcos y Juan es explicable, dado que comienzan con la actividad pública de Jesús, es decir, con el bautismo en el Jordán, orillando por tanto toda mención o referencia a su infancia y juventud. Pero no deja de ser significativo que Lucas, que sí aborda brevemente ciertos episodios del nacimiento y la infancia del mesías, omita toda referencia a la adoración de los Magos.

2.- Centrando, pues, la atención en el Evangelio de Mateo, único que nos ofrece algunos datos, lo cierto es que tampoco podemos encontrar consagrado en él lo que la leyenda nos transmite. En efecto, Mateo nos dice lo siguiente: “Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos magos llegaron de Oriente a Jerusalén, preguntando ´Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo` Cuando lo oyó el rey Herodes se sobresaltó, y toda Jerusalén con él. Y convocando a todos los pontífices y escribas del pueblo, les estuvo preguntando dónde había de nacer el Cristo […] Entonces Herodes llamó en secreto a los magos y averiguó cuidadosamente el tiempo transcurrido desde la aparición de la estrella. Y encaminándolos hacia Belén, les dijo ´Id e informaos puntualmente acerca de ese niño; y cuando lo encontréis, avisadme, para que también yo vaya a adorarlo` Después de oír al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, sintieron inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrados en tierra, lo adoraron; abrieron sus cofres y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y advertidos en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino” (cito por la edición de la Biblia publicada por editorial Herder, Barcelona, 1975, página 1005)

3.- Por tanto, de la lectura de Mateo nos encontramos con elementos familiares (la estrella que guía a los magos y que se detiene en el lugar donde nació Jesús, la ofrenda de oro, incienso y mirra), pero las similitudes con la leyenda se detienen ahí. Para empezar, Mateo habla de “unos magos”, pero ni dice que sean reyes, que su número sea tres y mucho menos que se llamen Melchor, Gaspar y Baltasar (como tampoco, por cierto, dice que Jesús hubiese nacido en un portal). Simplemente habla de “unos magos” que vienen de Oriente a adorar al “rey de los judíos”, y el nerviosismo de Herodes el Grande ante esa noticia. Ahora bien, este acontecimiento ha de interpretarse no con perspectivas actuales, sino en la realidad existente en la Judea del siglo I a.C.

A.- El uso del término “mago” y la referencia a Oriente implica que se está refiriendo a sacerdotes de la religión persa, es decir, de la casta sacerdotal que adoraba a Ahura Mazda y que tenía por profeta a Zoroastro. Por tanto, quienes acuden a Judea a adorar al mesías son miembros de la casta sacerdotal persa.

B.- En todo el territorio integrante del antiguo reino de Judá se vivía un ambiente claramente mesiánico, es decir, que gran parte del pueblo estaba convencida de que en esos tiempos nacería el Mesías, quien se suponía que sería un líder político (y, por ello, descendiente de la casa real de David) que encabezaría una revuelta nacional que expulsaría a los romanos del territorio y restauraría el reino de Dios en la tierra. De ahí la referencia al “rey de los judíos” y el temor de Herodes el Grande, que pese a ser monarca del reino de Israel no era de la casa real de Judá, sino un idumeo y, por ello, objeto de desprecio por un pueblo cuyo cariño nunca logró obtener pese a los serios esfuerzos por obtenerlo (uno de los intentos consistió en la reconstrucción del Templo de Jerusalén), a lo que se añadía que no observaba las estrictas reglas de la ley mosaica y que se sostenía gracias a la tolerancia de Roma.

Por tanto, siendo puristas, según las fuentes canónicas, los magos ni eran reyes, ni eran tres, ni se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar. Su elevación a la categoría de “reyes” data del siglo II d.C y su nombre y caracterización es ya de origen medieval.

LA POLÉMICA: LAS “CABALGATAS RENOVADAS”. La polémica surge fundamentalmente cuando en determinadas cabalgatas de reyes como en Madrid capital (omito el tragicómico episodio de Valencia), se renueva la estética de la representación de los Reyes Magos, renovando no sólo toda la infraestructura (omitiendo villancicos, sustituyendo los camellos y las tradicionales carrozas por otras más luminosas) sino el propio atrezzo de Sus Majestades, cubriéndolos con unas túnicas ciertamente llamativas. Quienes critican estas nuevas formas critican el hecho de que se aparten de las tradiciones, mientras que desde el Ayuntamiento se defiende la medida indicando que se trata de hacer una nueva puesta en escena similar a las representaciones de algunas obras del género lírico, donde la puesta en escena se separa de lo tradicional para situar la obra en un contexto diferente.

MI OPINIÓN AL RESPECTO. Me permito indicar que las ideas que a continuación voy a exponer son absolutamente personales, subjetivas y, por tanto, falibles y las cuales están lógicamente sujetas a la sana crítica, pero que expresan mi particular visión del conflicto.

1.- Para empezar, creo que se ha dado a este tema mucha más importancia de la que tiene (aunque ni comparación con la que se otorga al deporte “rey”, pues una bajada de rendimiento de Cristiano Ronaldo o de Messi concitan más atención en el público en general que la bajada de la bolsa o de los sueldos). Se puede criticar una medida, obviamente, y se puede discrepar o defender esta idea. Pero creo que la repercusión que se le ha otorgado excede con mucho de lo razonable, viendo el nada halagüeño panorama que en todos los aspectos está viviendo el país.

2.- Bien sentado lo anterior, mi opinión es que las nuevas corporaciones locales que han optado por este lavado de imagen no han estado acertadas. Y ello por varias razones:

A.- Se ha perdido de vista un dato esencial, cual es que los destinatarios de la cabalgata son los niños, y no los mayores. Y evidentemente, los niños, sobre todo los de corta edad, no entienden ciertas sutilezas. E intentando hacer algo que va destinado a gente de edad más avanzada, los organizadores se han olvidado de quiénes son los principales protagonistas: los niños.

B.- Todo Ayuntamiento es absolutamente libre de celebrar o no la cabalgata. Si la Corporación está dominada por gente agnóstica o atea, puede perfectamente (y sería absolutamente lícito y respetable) que decida no sustentar oficialmente apoyo a una cabalgata que conmemora un episodio ligado a una festividad religiosa. Eso sí, entiendo que debe permitir que quienes deseen hacerlo tengan esa posibilidad, para lo cual les bastaría permitir a quienes sí deseen organizar ese evento ofrecerles las mismas posibilidades que a cualquier otra manifestación pública (rutas, supervisión de la policía) bastando que los ediles o representantes públicos se desvinculen de ella despojándola de toda mácula de oficialidad. Lo que no se puede hacer, al amparo de una mal entendida laicidad, es representar un episodio religioso desvinculándolo del elemento religioso que representa. Eso personalmente me parecería tan ridículo como representar Hamlet sin Hamlet.

C.- La defensa que ha ofrecido el Ayuntamiento, comparando su actuar con las actualizaciones de obras líricas por ciertos directores de escena, no está mal traída. Evidentemente, quien defienda esas nuevas versiones del género lírico puede pasar por esta teoría, pero yo no puedo aceptarla precisamente porque en lo que a la escenografía de las obras se refiere soy muy purista, y estoy absolutamente opuesto a todo intento de renovación. Y me explico. Toda obra está ligada de forma indisoluble a unas coordenadas histórico-temporales sin las cuales carece de sentido, y todo intento de extraerla de ese ámbito es desnaturalizarla y, lo que es más grave, privarla de todo sentido. ¿Sería creíble exportar, por ejemplo, a don Quijote al siglo XIX, como se hizo en determinad representación? Ridículo, en una época donde hablar de novelas de caballería o de caballeros andantes sería un anacronismo. Pero es que en ocasiones esas “actualizaciones” llegan al ridículo, y pongo un ejemplo concreto. En cierta representación de la obra Il viaggio a Reims, de Rossini (que aborda el encuentro de varias personas de distinta procedencia que confluyen en una posada de camino a la ciudad francesa para la coronación del rey Carlos X de Francia) el director de escena optó por una moderna escenografía, situando a los personajes a finales de los años cincuenta del siglo XX y nada menos que en el interior de un avión. Ahora bien, ¿cómo justificar el viaje a la ciudad francesa para la coronación y, lo que es más, el grito unánime final invocando a Carlos X en una época donde Francia es una república presidida por Charles de Gaulle? Imposible, a menos que se retoque la letra, pero ello supone ya una traición al autor.

A MODO DE CONCLUSIÓN. En resumen, que de todo lo anterior, mis tesis son las siguientes:

1.- Lo que se celebra no es más que una leyenda, que no refleja exactamente el episodio narrado en tan sólo uno de los evangelios canónicos, y cuya veracidad cabe cuestionarse dada la ausencia de toda mención al mismo en los restantes.

2.- Lo lógico es no celebrar el acontecimiento o, de hacerlo, mantenerlo como tradicionalmente se ha venido haciendo. Lo contrario es desnaturalizar una representación y, para eso, vale más no hacerla.

3.- Se ha olvidado que el público destinatario de las cabalgatas son los niños. Y que a los tres, cuatro, cinco y seis años muy pocos entenderán determinadas representaciones y, sobre todo, determinados mensajes que van orientadas a los adultos. No obstante, si lo que se desea es enviar mensajes a la población adulta, conviene recordar a los regidores municipales que tienen otros 364 días totalmente a su disposición.

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LA POTESTAD REGLAMENTARIA EN GRAN BRETAÑA.

British Parliament

En los países formados en la tradición del common law no existe como tal una Administración al modo en que ésta se ha formado en Francia tras la Revolución y ulteriormente se exportó a las naciones de la Europa continental. Por el contrario, como bien indica Eduardo García Enterría en su luminoso estudio Revolución Francesa y Administración contemporánea, tanto Inglaterra como las naciones surgidas bajo la férula británica fueron coherentes con el principio de división de poderes tal y como originariamente lo formularon John Locke y Charles de Secondat, limitando la organización estatal a Ley, Tribunales y orden público. No es ya que no exista una Administración (el propio Eduardo García de Enterría recuerda en su clásico Curso de Derecho Administrativo que el ordenamiento inglés incluso desconoce el término “estado”, dado que invariablemente se utiliza el de “Corona” o “Su Majestad”), sino que el concepto de potestad reglamentaria, elemental en los derechos continentales, es absolutamente desconocido tanto en Inglaterra como en sus rebeldes hijos emancipados, los Estados Unidos de América. En efecto, en el Reino Unido los órganos del poder ejecutivo no gozan de una potestad reglamentaria similar a la que en nuestro país reconoce al Gobierno el artículo 99 de la Constitución, sino que han de actuar conforme a lo que jurídicamente se califica como delegated legislation, es decir, delegación legislativa, aunque tal expresión no debe confundirse con lo que en nuestro país se entiende por tal. De igual manera, en los ordenamientos del common law la normativa emanada en ejercicio de esa delegated legislation no sólo es controlada por los Tribunales, sino que suele existir un mecanismo de control de la misma por el propio legislativo, algo que en nuestro país no existe de forma explícita aunque implícitamente se contemple en el artículo 82.6 de la Constitución cuando, al regular precisamente las delegaciones legislativas, se haga referencia a fórmulas adicionales de control. Pero, insisto, el término “delegación legislativa” no tiene el mismo significado en Gran Bretaña que en nuestro país. Si en España con ello se quiere significar que el Gobierno hace uso de una delegación para aprobar una norma con rango de ley, en el Reino Unido con ello se está haciendo referencia a la aprobación de normas secundarias (algo similar a nuestros Reglamentos) en el ejercicio de las potestades que le confiere un texto legal.
Nos concentraremos en esta ocasión en el Reino Unido. El 26 de marzo del año 1946 se aprobó la An Act to repeal the Rules Publication Act 1893, and to make further provision as to the instruments by which statutory powers to make orders, rules, regulations and other subordinate legislation are exercised, que viene a ser una especie de equivalente a los preceptos que nuestra Ley 50/1997 dedica al procedimiento de elaboración de las disposiciones de carácter general y a la forma y ordenación jerárquica de dichas resoluciones. Así, el artículo 1.1 de dicha norma define lo que en la terminología jurídica anglosajona recibe la denominación de Statutory Instrument, (más o menos equivalente a nuestros Reglamentos), y que únicamente se otorga a “Su Majestad en Consejo” (en cuyo caso el instrumento normativo recibirá la denominación de “Orden en Consejo”) o en el Ministro de la Corona, en cuyo caso formalmente se articulará como “Instrumento Estatutario”. Es curioso que una norma aprobada en 1946 siga hablando de “His Majesty in Council”, cuando este órgano ha dado paso ya desde el siglo XVIII al Gabinete. Pero, sin duda alguna, el lector interesado en comprobar cuan diferente es el ejercicio de las facultades normativas de los entes ejecutivos en Inglaterra respecto a nuestro país, lo mejor que puede es acudir a la fuente original, es decir, al Parlamento británico, pues la Cámara de los Comunes ha elaborado en agosto del año 2011 un didáctico resumen de apenas seis páginas con el título Delegated legislation: brief guide. Dicho resumen se inicia con una elocuente expresión: “Es difícil hacer observaciones generales respecto a la delegación legislativa, dado que la misma se utiliza para una amplia gama de objetivos y es objeto de varias formas de control parlamentario”. También es llamativa para el jurista continental esta otra afirmación: “Los Tribunales pueden controlar si el Ministro, al elaborar un instrumento estatutario, ha utilizado correctamente la potestad que le ha sido delegada por una ley del Parlamento, o si se han respetado las garantías procedimentales estipuladas en el texto legal, pero no puede cuestionar la validez de dicho instrumento por ningún otro motivo”. En definitiva, que el control judicial se limita única y exclusivamente a constatar la adecuación de la norma a la ley habilitante (es decir, verificar que no se ha incurrido en exceso o ultra vires) y a una verificación del respeto a las formas procedimentales. Sin más.
Por último, también cabe destacar un aspecto que puede resultar chocante a la mentalidad del jurista europeo: el hecho de que un Ministro del Gabinete pueda, en determinadas circunstancias y mediante un instrumento denominado Legislative Reform Order, modificar la regulación contenida en un texto legal. Dicha facultad ha sido consagrada a nivel legislativo en la Legislative and Regulatory Reform Act, aprobada el 8 de noviembre de 2006, y cuya kilométrica denominación es, cito textualmente: “An Act to enable provision to be made for the purpose of removing or reducing burdens resulting from legislation and promoting regulatory principles; to make provision about the exercise of regulatory functions; to make provision about the interpretation of legislation relating to the European Communities and the European Economic Area; to make provision relating to section 2(2) of the European Communities Act 1972; and for connected purposes.”.
En definitiva, que se trata de dos sistemas absolutamente distintos en los cuales se da una curiosísima circunstancia: una misma expresión terminológica nos lleva a realidades distintas en función del sistema jurídico en el cual se aplique. Así, cualquier jurista español entenderá por “delegación legislativa” el ejercicio que el Gobierno haga de una autorización del Congreso para elaborar normas con rango de Ley, y que el ejecutivo agotará con la aprobación de un texto que adoptará la forma de Real Decreto Legislativo (ya sea un texto articulado o un texto refundido). Ahora bien, esa misma expresión utilizada en el ámbito anglosajón implicará el uso que el Gabinete o cualquiera de los Ministros haga de las autorizaciones que una ley habilitante le otorga para aprobar normas subordinadas a la ley (más o menos equivalentes a nuestros reglamentos) y que tienen su fuente no en una potestad reglamentaria que genéricamente le atribuya la Constitución (dado que, entre otras cosas, en Gran Bretaña no existe constitución escrita) sino la concreta atribución que le confiere un texto legal específico.

de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

UN COMIENZO DE 2015 MUY….VIENÉS!!!

Viena

Este año 2015 del que han transcurrido ya las primeras horas ha comenzado para mi de forma algo peculiar, porque Viena ha estado presente en todo momento. No la Viena actual, sino la nostálgica capital del vasto imperio danubiano que implosionó súbitamente en 1918. Y ello por varias razones que paso a enumerar:

I.- La música: Concierto de año nuevo. No es una novedad ni un secreto que quien suscribe mantiene la inalterada tradición de comenzar cada nuevo año visionando el Concierto de Año Nuevo ofrecido por la Orquesta Filarmónica de Viena desde el Musikverain, y que este año contó con la batuta de Zubin Mehta. En ocasiones anteriores ya hemos hecho referencia al origen y desarrollo de este acontecimiento, que precisamente este año cumple los tres cuartos de siglo de existencia.

II.- El almuerzo: Salchichas y café vienés. Tras el concierto, en la mesa me encontré con la inesperada sorpresa de encontrarme entre la comida salchichas vienesas, y de sobremesa un café vienés. Parece que la sombra de la capital danubiana me persigue el día de hoy.

III.- El cine de sobremesa: dos films clásicos sobre Johan Strauss jr. Después de la comida, he visto un par de biopics sobre Johan Strauss, cuyos valses constituyen el tronco medular del concierto de año nuevo. El primero (aunque segundo cronológicamente) es el que en 1938 dirigiera el francés Julien Duvivier con el título de The great waltz, y protagonizado por el también francés Fernand Gravey en el rol del compositor austríaco. Confieso que este es uno de esos casos en los que una película vista hace muchos años y que se tenía en un pedestal no ha resistido el peso de un nuevo visionado. En efecto, vista de muy niño (apenas tenía los quince años la única vez que la había visto) la tenía en muy alta estima, y sin embargo, vista con los ojos de hoy, no pasa de ser un entretenido divertimento bastante poco fiel a la historia (aunque, forzoso es decirlo, la propia película lo reconoce abiertamente al inicio de la misma) de la que únicamente se respeta la existencia de que el segundo Strauss mantuvo una relación extramatrimonial con la cantante de ópera Carla Donner. Es un film que abusa en exceso de los números musicales para el lucimiento de la actriz principal, y que en ocasiones puede llegar a resultar cansino, pero que con todo merece la pena por las notas de humor que salpican el film y, sobre todo y por encima de todo, por la brillante y muy lograda secuencia en la que Strauss va componiendo su vals Cuentos de los bosques de Viena precisamente en un paseo en carroza por dicho lugar, inspirándose en los distintos sonidos del bosque (traqueteo de la carroza, cantos de los pájaros, cuernos de los pastores). Con todo, tiene alguna que otra carencia que la segunda de las películas intenta suplir.

El segundo film se titula Waltzes from Viena, y se había rodado en Inglaterra cuatro años antes, bajo la dirección nada más y nada menos que de Alfred Hitchcock, siendo uno de los films menos apreciados por el director y rodados en su etapa británica. Este film es también un biopic bastante fantasioso, pero si al igual que el anterior está salpimentado con bastantes notas de humor, en esta ocasión existe una diferencia fundamental que hace que el visionado de esta película sea mucho más delicioso: aquí tiene un protagonismo notable el compositor Johann Strauss sr (encarnado por el actor Edmund Gwenn), personaje que en el anterior film ni tan siquiera se le menciona. Y es que uno de los alicientes de esta película es el conflicto paterno-filial, ocasionado en no pocas ocasiones por los celos paternos ante el despunte del hijo. Con todo, hay una secuencia que me parece magistral, que es precisamente con la que finaliza la película. Cuando el hijo ya ha visto reconocida su valía, una niña acude al viejo compositor y padre del nuevo ídolo a que le firme un autógrafo, a lo que éste estampa un “Johann Strauss”, pero cuando la niña ya se marchaba, Strauss le pide que vuelva, y añade lentamente la expresión “senior”, dando a entender que no sólo reconoce, sino que respeta con orgullo la fama de su hijo y que ahora son dos los miembros de la familia dedicados a la composición. Por cierto, que esta película puede encontrarse íntegra (en versión original inglesa, claro está) en youtube, y como tal se la ofrecemos al lector interesado:

IV.- La literatura: La marcha Radetzky. Visto que el encanto de Viena me persigue, he decidido releer La marcha Radetzky, la clásica novela de Joseph Roth a la que igualmente le hemos dedicado un análisis con anterioridad. Novela crepuscular, narra la saga de tres generaciones de la familia Trotta: el que en la batalla de Solferino salva la vida al joven emperador Francisco José; el hijo del “héroe de Solferino”, burócrata imperial protegido por la memoria de su progenitor; y el hijo del funcionario, nieto del primero, que es obligado por su padre a entrar en el ejército, en el que malvive a la sombra de su apellido. En pocas obras como en ésta (quizá tan sólo en las de Stephan Zweig) puede verse con tanta claridad la descomposición de toda una época y el ocaso de un imperio secular como el austrohúngaro.

V.- El derecho: los maestros del derecho público. Ya puestos, y para que Viena no desaparezca este primer día ni tan siquiera del mundo jurídico, me he prometido iniciar la lectura de los Maestros alemanes del derecho público, del profesor Francisco Sosa Wagner que, si bien se concentra principalmente en juristas germanos, no deja de referirse a algunos de los principales juristas austríacos, sobre todo a Hans Kelsen.

En definitiva, un comienzo de año muy vienés, que quizá pueda chocar para alguien como el autor de estas líneas, tan apasionado por la cultura anglosajona. Pero, en fin, de vez en cuando conviene hacer alguna que otra variación.

de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

GORE VIDAL COMO AUTOR DE NOVELA HISTÓRICA.

Ayer martes 31 de julio de 2012 fallecía en su domicilio el polémico escritor norteamericano Gore Vidal, el enfant terrible que, como dicen sus obituarios, no dejó títere con cabeza. De su ingente obra (en la que destaca tanto la crónica política como el ensayo y los guiones de cine) quisiera centrarme hoy en sus incursiones en el género de la novela histórica. Y es que en ese género Vidal se reveló como un reputado novelista que, al igual que en el resto de facetas, no se caracterizó precisamente por la ortodoxia. Repasemos.

Creación es una de sus novelas donde recreaba el panorama filosófico del siglo V antes de Cristo a través de la figura de Ciro Espirama, un personaje de ficción a quien emparentaba con el profeta Zoroastro; lo curioso de esta obra es que, como ya hemos indicado en un post anterior, la visión del mundo antiguo se realiza desde una visión claramente favorable al imperio persa en contraposición a la clásica versión pro-helenística (de hecho, el autor se refiere a las guerras persas como guerras griegas). Juliano el apóstata es un acercamiento al mundo del siglo IV, donde el combate entre cristianismo en alza y paganismo en retirada se personifica en la trágica figura del emperador Juliano, el César que pretendió restaurar el culto a los antiguos dioses helenístico-romanos y a quien el autor de la obra no sólo no ve con malos ojos, sino que retrata con un nada disimulado halo de simpatía. En busca del rey narra la odisea del rey Ricardo Corazón de León, desde su captura tras el regreso de tierra santa hasta su liberación y posterior regreso a Inglaterra; pese a que Vidal nos indica en las primeras líneas de su prólogo que la pretendida historia de Blondel (un trovador que habría recorrido Europa en busca del rey Ricardo, a quien encontró precisamente por entonar los sones de una canción que el monarca inglés había compuesto y que Ricardo habría reconocido y respondido desde la torre de su prisión –escena que, por cierto, recoge la versión de Ivanhoe dirigida en 1952 por Richard Thorpe-) no es más que una leyenda, el novelista reconoce que ésta tiene más atractivo que la realidad y en apenas doscientas páginas resume de manera magistral la lucha del trovador por encontrar y liberar a Ricardo de Inglaterra. Pero donde Vidal descolla como un magistral pintor de caracteres individuales y sociales es en su larga serie dedicada a la historia de los Estados Unidos. Burr es una magnífica novela (de la que en España únicamente existe una edición fechada en 1975) en la que relata la historia del héroe de la revolución americana, político republicano y tercer vicepresidente de los Estados Unidos, Aaron Burr, desde una perspectiva absolutamente novedosa para su época, pues rehabilitaba en gran medida al personaje en contra de la opinión histórica dominante en aquellos momentos, adelantándose a autores como Milton Lomask o Nancy Isenberg; la escena donde un anciano Burr recrea en Weehawken el duelo que mantuvo con Alexander Hamilton es, sencillamente, magistral. Lincoln narra los avatares de los Estados Unidos desde la llegada del presidente electo a Washington D.C hasta el asesinato de éste, haciendo un repaso de los principales acontecimientos desde un punto de vista ciertamente heterodoxo. 1876 recupera la figura de Charlie Schuyler (el protagonista-narrador de Burr), quien regresa a los Estados Unidos en el año del centenario y se ve sumergido en la polémica elección presidencial que enfrentó a Hayes y a Tilden, en esta ocasión desde una abierta posición demócrata y defensa de las posiciones demócratas, aunque no del candidato demócrata Tilden, a quien no llega a ver del todo con simpatía. La saga de la historia la prolongó Vidal en Imperio, Hollywood y Washington D.C.

Como guionista, su impronta quedó reflejada en joyas como Ben-Hur (suya es, entre otras cosas, la veladísima referencia a la homosexualidad entre Ben-Hur y Messala en la escena inicial donde ambos arrojan las lanzas a una cruz) o en De repente, el último verano, así como en esa joya del cine político que es The best man, donde unos magníficos Henry Fonda y Cliff Robertson se disputan la nominación presidencial de su partido. Pero hoy deseaba referirme al novelista y no al político, al guionista o al ensayista en general. Esperemos que el óbito de Vidal anime a los editores a lanzar nuevamente al mercado algunas de sus obras prácticamente ilocalizables (caso de Burr o Washington D.C.) salvo en el mercado anglosajón.

de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

CINE Y CRISIS.

En 1929 se produjo el famoso crack bursátil de Wall Street, y la depresión económica que subsiguió a dicha crisis se llevó por delante el patrimonio e incluso la vida de muchos ciudadanos estadounidenses. Franklin Delano Roosevelt fue elegido presidente de los Estados Unidos con su programa electoral basado en un New Deal, que a la postre le llevó a protagonizar uno de los enfrentamientos más sonados y abiertos entre el Tribunal Supremo, presidido en aquélla época por Charles Evans Hughes, y un presidente norteamericano. Es una época cuya grandeza y miseria están perfectamente reflejadas en la célebre novela Las uvas de la ira, de John Steinbeck, y cinematográficamente aparece muy bien descrita en el film La leyenda de Bagger Vance, de Robert Redford, donde los crueles efectos de la gran depresión sobre familias pudientes y menesterosas se plasma visualmente de una forma magistral. Se ponía fin así a una década conocida de forma popular como los felices años veinte.

Las masas de desempleados que abarrotaban las calles en la época de la depresión encontraron una vía de escape en el séptimo arte, que en aquellos años logró convertirse en el bálsamo de muchas personas y de muchas familias. El salto del cine mudo al sonoro facilitó esa tarea. Se trataba, pues, de ofrecer consuelo, al menos durante un par de horas, a gente que el resto del día pasaba por momentos extremadamente difíciles. Por ello, Hollywood trató de acercarse a ese gran núcleo de población con temas que pudieran servir de linimento: políticos corruptos que acaban pagando sus fechorías, millonarios cuya soberbia es destruida por la solidaridad de los humildes, o incluso en una curiosa incursión en el género de ciencia ficción con ciertos tintes realistas, el descubrimiento de un enclave donde la eterna juventud y la felicidad reinan a escondidas del resto del mundo en las montañas del Himalaya. Es la edad de oro de Frank Capra, con títulos que han pasado a la historia: Vive como quieras, El secreto de vivir, Caballero sin espada, u Horizontes perdidos. Esta técnica de evasión hacía posible que gente de todas las edades olvidase por un momento sus problemas y pudiese disfrutar de unos instantes de tranquilidad y, por qué no decirlo, de esperanza. En una época de crisis económica brutal, en los grandes estudios cinematográficos se vivió una auténtica edad de oro.

Ocho décadas después vivimos una crisis de magnitudes superiores a la de los años treinta del siglo XX. Sin embargo, los ciudadanos no podemos refugiarnos en el séptimo arte para evadirnos ni tan siquiera unos instantes. La crisis parece haber afectado a los grandes estudios y a los guionistas, que se refugian en la producción de remakes de títulos clásicos (con calidad bastante inferior al original) o en espectáculos donde los efectos especiales generados por ordenador trata de suplir la carencia interpretativa de los protagonistas. No existe en la actualidad quien pueda resistir una mínima comparación con Clark Gable, Gary Cooper, James Stewart, Ronald Colman, David Niven o Edward Arnold, por citar tan solo algunos de los más populares rostros de la década de los treinta. Tampoco ayuda el elevadísimo precio de las salas cinematográficas, en franca regresión y abierta retirada tras la aparición de los VHS y, sobre todo, de los DVD. La televisión tampoco ayuda mucho, pues lo cierto es que las televisiones públicas y privadas han degenerado su emisión hasta extremos vergonzosos, con programas basados en el abierto insulto y en la zafiedad más abyecta.

En definitiva, que la crisis actual, a diferencia de la existente hace ochenta años, se extiende a los medios audiovisuales. Mala señal.

de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

LAS REFORMAS DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA ANUNCIADAS POR EL NUEVO MINISTRO.

La mañana de hoy el nuevo y flamante ministro de Justicia, don Alberto Ruiz Gallardón, ha comparecido ante la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados para anunciar una batería de reformas que tienen, en líneas generales, tres objetivos primordiales: despolitizar el poder judicial, modernizar el servicio público de Administración de Justicia y agilizar los procedimientos judiciales. Loable propósito que, como siempre en todas las actuaciones del poder público, un poco que se rasque la superficie demuestra que será el ciudadano el más perjudicado. Vayamos por partes

 I.- Despolitizar el Poder Judicial. Para ello el nuevo gobierno promoverá una reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial que vuelva a los orígenes y al espíritu constitucional, es decir, que sean los propios jueces quienes elijan a los vocales del Consejo General del Poder Judicial. Recordemos que fue el Partido Socialista Obrero Español quien al aprobar la Ley Orgánica 6/1985 del Poder Judicial pervirtió el sistema anterior, instaurando el que actualmente tenemos donde son las Cámaras legislativas quienes nombran a quienes han de gobernar el poder judicial; recordemos que el Tribunal Constitucional, en su Sentencia 108/1986, adoptando el papel de avestruz, declaró no contrario al texto constitucional dicho sistema, pese a indicar que era más acorde con el espíritu constitucional la designación judicial de los vocales y ejerciendo de profeta Casandra al indicar los perversos efectos que el sistema recién instaurado tendría en el máximo órgano de gobierno de los jueces. Parto del hecho que considero el Consejo General del Poder Judicial un órgano cuya experiencia durante estos ya más de tres lustros es una sucesión de fracasos y que debería pasar a mejor vida, pero si ha de existir y si ha de predicarse la independencia judicial ha de desvincularse la judicatura y el órgano de gobierno de los jueces de toda intervención de los otros dos poderes, máxime en un país con tan escasa cultura política como el nuestro. Por ello esta medida de devolver a los jueces la elección de los vocales del Consejo me parece, en principio, positiva.

 II.- Modernizar el servicio público de Administración de Justicia. Esta modernización de la justicia lleva años anunciándose a bombo y platillo, pero su implantación fáctica no llega a hacerse efectiva, tanto por la propia reticencia de la Administración como por la de algunos integrantes del poder judicial. Deben aprovecharse las nuevas tecnologías, reducir el papel, aprovechar las ventajas que nos proporcionan los ordenadores, las bases de datos, e implantar de una vez por todas el expediente judicial electrónico. Otras medidas como la superación del partido judicial y la adecuación de la planta judicial a la situación actual y a la realidad social del momento son algo no sólo deseable, sino imprescindible. Que a estas alturas, bien entrado el siglo XXI, se entre en oficinas judiciales y se contemplen montones de papeles como si estuviéramos en la época de Cánovas del Castillo sirve para bajar a uno la escasa moral que ya tiene; y cuando uno ha tenido ocasión de contemplar atónito cómo algún magistrado (de lo contencioso, para más señas) continúa redactando sus sentencias a bolígrafo en folios entregándolas ulteriormente a los funcionarios para que las mecanografíen y vuelquen al ordenador, pues qué quieren que les diga.

 III.- Agilización de los procedimientos judiciales. Este es un objetivo igualmente loable, siempre y cuando ese afán por la agilización no vaya acompañado por una merma de derechos del justiciable. Es más, el titular de la cartera de Justicia manifiesta que ello incluso puede contribuir de alguna manera a la superación de la crisis económica (“Si actuamos con determinación y con prudencia, si identificamos adecuadamente los problemas, si planificamos ordenadamente las inversiones y los gastos a realizar y si dotamos a la Administración de Justicia de una organización moderna y eficiente, vamos a conseguir el objetivo no solamente de dar respuesta al derecho constitucional de los ciudadanos a la tutela judicial, sino además de hacer nuestra Administración de Justicia un elemento determinante para aumentar la competitividad de nuestro país y, por lo tanto, para superar nuestra crisis económica. En las actuales circunstancias, la relación entre justicia y economía adquiere una especial visibilidad y un mal funcionamiento de la justicia comporta siempre un daño profundo a la convivencia, pero no lo duden, señorías, también tiene consecuencias económicas”). Ahora bien, cuando uno analiza las manifestaciones del ministro de justicia, vemos que la preocupación de quien ostenta la condición de fiscal de carrera se centra en asuntos penales y civiles, pero se olvida (y mucho me temo que conscientemente) de la rama contencioso-administrativa, la más atascada y olvidada del poder público quizá porque es éste cuya actuación ha de ser objeto de control a través de procedimientos contencioso-administrativos. Veamos:

–          Se ha referido el señor ministro a los procedimientos por impago de deudas máxime en esta época de crisis. Bien, tanto en la rama civil como en la laboral (en esta última a partir del 1 de enero de 2012, cuando entró en vigor la nueva Ley de Jurisdicción Social), existen procedimientos monitorios para el impago de deudas líquidas, vencidas y exigibles. Sin embargo, la sobreprotección que poseen las Administraciones públicas (cuyo índice de morosidad es tan alarmante como creciente en proporción geométrica) es clamorosa. Existen en la actualidad en los juzgados de lo contencioso-administrativo infinidad de procedimientos cuyo objeto procesal es la condena a la Administración al pago de facturas impagadas, alguna de ellas de más de un lustro de antigüedad; es decir, que se obliga a un acreedor a acudir a un procedimiento declarativo en lugar de permitirle acudir a un procedimiento monitorio, muchísimo más rápido y eficaz en este tipo de asuntos. Parafraseando a Mourinho, cabría preguntar ¿por qué? ¿Por qué no se instaura un procedimiento monitorio derivado de impagos reconocidos por la Administración?

–          El nuevo ministro de Justicia aboga igualmente para la implantación de tasas judiciales para acudir a una segunda instancia procesal. Ahora bien, observen cómo se refiere a este tema el señor Ruíz-Gallardón “Si el ciudadano no se conforma con la respuesta que le da el Poder Judicial, en uso de ese derecho constitucional a la tutela judicial efectiva, y lo que solicita es un segundo pronunciamiento que revise el que ya dio el órgano jurisdiccional, es cuando se aplicará el nuevo modelo de tasas y, por supuesto, quedarán exentas del pago aquellas personas que realmente carezcan de recursos para litigar tomando, por supuesto también, con carácter excluyente por su consideración especial, la jurisdicción penal” Llamo la atención de los lectores del blog sobre la expresión utilizada: “el ciudadano” ¿Y por qué digo esto? Porque con total seguridad bajo esta afirmación subyace la intención del nuevo titular de Justicia el mantener una vergonzosa desigualdad en la materia, pues las Administraciones y entes públicos de ellas dependientes estarán exentos, como lo están ahora tanto de la tasa por el ejercicio de la potestad jurisdiccional como del depósito para recurrir.

–          Esa agilización de los procedimientos se está realizando en los últimos años a base de reformas que priman la celeridad sobre las garantías jurídicas. Esto fue ya denunciado por Alejandro Nieto en una de sus últimas obras. En efecto, todo pasa por limitar la garantía de doble instancia al ámbito penal (aprovechando los pronunciamientos constitucionales que establecen que la segunda instancia únicamente está garantizada en la Constitución en los procedimientos penales y en el resto de los órdenes jurisdiccionales es de configuración legal) y en restringir o eliminar las apelaciones y los accesos al Tribunal Supremo vía casación.

Se anuncian una serie de modificaciones legislativas, y entre otras nuevas leyes Orgánicas del Poder Judicial, de Planta Judicial, de Enjuiciamiento Criminal, del Menor, de Mediación, de Jurisdicción Voluntaria, un nuevo Código de Comercio. Con ello se pretende de una vez por todas adecuar la justicia a la realidad social del siglo XXI, pero como siempre, la rama administrativa es la gran olvidada y permanece con principios, formas y privilegios de mediados del siglo XX.

de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

NUEVO ATENTADO SOCIALISTA A LA UNIVERSIDAD LABORAL.

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No es ningún secreto que el Partido Socialista de Gijón, que lleva monopolizando la política de la ciudad durante treinta años, ha declarado desde hace tiempo la guerra a la Universidad laboral, por el gravísimo “delito” de ser un edificio construido bajo el mandato del general Franco. Mientras el urbanismo municipal estuvo bajo el férreo mando del licenciado (en geografía e historia) Jesús Morales se intentó de todo: desde no realizar obra alguna de acondicionamiento con el fin de que cayera a pedazos hasta desnaturalizar el inmueble con incorporaciones realmente bufonescas. Pero, al fín, en la transición a la sanjurjada, el régimen logro hallar un medio mucho más eficaz y barato: el destrozo puro y duro, el irrumpir en el edificio como elefante en cacharrería.

Se comenzó con la instalación de algún que otro elemento extraño, se continuó con la depuración conceptual (eliminación de elementos “franquistas”, incluyendo el borrado en los murales de la figura de Girón de Velasco, la sustitución del yugo y las flechas, incluso en elementos como el pararrayos –desafío desde aquí a que cualquier gijonés me diga con la mano en el corazón si sabía que existía allí tal adorno, y si cualquier ciudadano aún teniendo una visión de lince logra alcanzar una perfección visual de tal calibre que pueda desde el suelo distinguir la figura que luce en la torre-), pero la situación alcanzó su culmen ayer. En efecto, en la portada del diario “El Comercio” correspondiente al día 26 de abril de 2009 (http://www.elcomerciodigital.com/gijon/20090426/gijon/agujeros-para-marmol-teatro-20090426.html) , y bajo una ilustrativa fotografía, se informa de un hecho lamentable: el mármol del teatro de la laboral, que se consideraba uno de los elementos más emblemáticos del edificio, fue agujereado para sujetar unas presuntas “obras de arte”, sin que la sociedad responsable del edificio de la laboral (Recrea) tramitase el correspondiente permiso de la Consejería de Cultura. Si ya lo decía en su día Jesús Gil (al que tanto criticaron los socialistas, por cierto), lo de menos son los permisos.

El hecho en sí es tan grave que en cualquier país civilizado que no fuese una república bananera se abrirían expedientes disciplinarios, rodarían cabezas y la fiscalía comenzaría una labor instructora por si hubiera lugar a responsabilidades penales. Que una sociedad que tiene a cargo la responsabilidad del emblemático edificio (en la teoría, pues en la práctica no es más que uno de los chiringuitos que chupan del presupuesto municipal y que sirven para dar salida a miembros del partido que éste no sabe donde ubicar) decida motu proprio tamaña monstruosidad es un hecho tan grave que ya de por sí debería provocar ceses en cascada, amén de una apertura no sólo de expedientes de responsabilidad disciplinaria sino incluso de exigencia de responsabilidades económicas por los daños irreparables causados a las instalaciones. El propio diario local indique que los responsables de Recrea “no le dieron la menor importancia” a una actuación que expertos consideran “una salvajada” nos indica no sólo en qué manos está la empresa que todos sostenemos con nuestros impuestos sino el nivel cultural de los gestores, que no deben distinguir un capitel de un basamento ni el mármol del granito. Pero que tamaña agresión al patrimonio gijonés se haga amparándose o justificándose en unas presuntas “obras de arte” consistentes en prácticas artísticas de alumnos es realmente vomitivo.

Pero, lo más grave, que se salte el procedimiento administrativo correspondiente indica un hecho todavía más preocupante: el desprecio a la ley que tienen los gestores municipales. Por cierto, la fiscalía, esa otra institución que igualmente pagamos todos los españoles, y que encargada teóricamente de velar por la legalidad en la práctica se encuentra ocupada en solicitar pena de cárcel a progenitores que dan un ligero bofetón a sus hijos, debiera haber investigado el hecho por si de él resultare la comisión de ilícitos penales; pero no se pueden pedir peras al olmo, y cualquiera que se encuentre vinculado al mundo de la justicia sabe que cualquier denuncia que se presente contra el Ayuntamiento o contra cualquiera de los gestores choca con el grueso muro de contención de los aguerridos fiscales gijoneses, quienes, pese al retraso existente en los órganos judiciales de nuestra localidad, en un tiempo récord informan solicitando el archivo de la causa.

Yo propongo desde aquí a nuestros líderes municipales que inicien una campaña para tirar abajo las pirámides de Egipto (realizadas sobre la base de mano de obra esclava), la acrópolis de Atenas (construida sobre la base del imperialismo ateniense y financiada con el tesoro de la liga ático-délica custodiado por Pericles, que lo utilizó para reconstruir el conjunto), todas las construcciones romanas (emanadas del imperialismo unipersonal de los césares), toda la arquitectura medieval (una mezcla de arquitectura feudal –opresión civil- y religiosa –opresión clerical-), el Escorial (imperialismo español), incluso hasta el Palacio Real (esos maléficos borbones dieciochescos que reforzaron el absolutismo). Echemos mano de la pala, la piqueta, la grúa y los instrumentos de demolición y no dejemos piedra sobre piedra.

Señores gestores de la laboral: me dan ustedes asco.

de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

NACE UN MITO: EL COYOTE.

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Estos días he dedicido regresar a mis primeras lecturas y retomar de nuevo las novelas que tienen por protagonista a don César de Echagüe, alias el Coyote. Novelas que marcaron mi adolescencia cuando, apenas con diez años cumplidos allá en los comienzos de los ochenta, la editorial fórum decidió reeditar las ciento noventa y dos novelas escritas por José Mallorquí en los ya entonces lejanos años cuarenta. Y aunque hace poco menos de cinco años la editorial Planeta volvió a lanzar al mercado las hazañas del héroe californiano por antonomasia, para mí no tenían el mismo significado que aquéllas con las que crecí, aquéllas cuya portada ilustraba Salvador Fabá.

Las casi doscientas novelas que componen la serie, escritas en la década de los cuarenta y finalizadas en 1952, sirvieron a muchos españoles para evadirse de una dura realidad y trasladarse a la California de mediados del siglo XIX, cuando la invasión y posterior anexión norteamericana situaron unas tropas de ocupación en un territorio que, hasta entonces, había sido sucesivamente territorio español y mexicano. Entonces, cuando el fuerte imponía su ley, cuando los abusos del poder se cernían sobre la indefensa población nativa sin que el brazo de la justicia moviera un dedo, una figura vestida con traje y sombrero mexicano, en cuya cintura ostentaba una canana de la cual pendían dos colts de seis tiros; una figura cuyo rostro estaba cubierto con un negro antifaz, derrochando valor, ingenio y, sobre todo, un profundo sentido de la justicia, hacía prevalecer ésta sobre los abusos. Su rapidez sin par en el uso de las armas, su conocimiento de las tierras y parajes californianos y, sobre todo, su profundo conocimiento de la naturaleza humana, unido al inmenso apoyo y veneración que el pueblo californiano le profesaba, hicieron de él una figura legendaria. Y, tras el antifaz, una persona anodina, atildada de superficial pero, sobre todo, inmensamente rica y perteneciente a una de las familias con más lustre no sólo de California, sino de España: don César de Echague, de los Echagüe en cuyo escudo rezaba la divisa: “De valor siempre hizo alarde la casa de los Echagüe”. En un sótano secreto de su vivienda, el inmenso Rancho de San Antonio, se operaba la metamorfosis y don César se transformaba en El Coyote, cuyas andanzas forman parte del acervo popular y es hoy uno de los héroes más populares junto con El Zorro.

Esta saga ha dejado en mi memoria personajes inolvidables. No sólo don César y El Coyote, sino otros muchos como Leonor de Avecedo, la mujer cuyos padres la prometieron en matrimonio con César (al cual despreciaba) y con quien finalmente contrae feliz matrimonio tras descubrir que la persona a quien tanto detestaba era en realidad el héroe enmascarado a quien tanto admiraba; a César de Echagüe y Acevedo, hijo de los anteriores cuyo nacimiento provocó la muerte de Leonor y un distanciamiento temporal del padre, pero que recuperó poco a poco el aprecio y respeto de éste, cuya identidad secreta descubrió a los diez años y a quien, ya en las últimas novelas de la saga, en plena senectud de don César, ayudó asumiendo a su vez otra identidad secreta; el viejo mayordomo Julián y su hija Guadalupe, fieles hasta la muerte a los Echagüe y unos de los pocos que conocían la verdadera identidad del Coyote; don Ricardo Yesares, dueño de la Posada del Rey don Carlos Tercero, íntimo amigo de don César cuyo parecido físico con éste hizo que sirviera de ocasional doble del Coyote. Tantos y tantos personajes como don César padre, como Fray Jacinto, como el doctor García Oviedo, el sheriff Teodomiro Mateos, junto con villanos del calibre del General Clarke, de Allen Potts, de doc Marty. Son tantos y tantos los inolvidables personajes de la serie; son tantos y tantos los episodios que allá en mi lejana infancia me ayudaron durante tardes y noches a pasar algunos de los mejores ratos. Y, sobre todo, son tantos y tantos pasajes a quienes debo, sobre todo y por encima de todo, el haber despertado mi afán por la lectura.

Aunque sólo sea por esto último, por haberme descubierto el mundo de los libros y de la cultura, sólo por ello merecieran un sincero homenaje en este blog las novelas del Coyote.

de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

FELICES FIESTAS

Desde este foro deseamos a todos unas felices fiestas y un próspero año nuevo. Para ello me permito colgar en este post una de los clásicos navideños, el villancico White Christmas, interpretado maravillosamente por el gran e incomparable Dean Martin.

de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura

PUEBLERINOS.

Nuevo ataque de nuestro inefable y omnipresente PIT. El señor Álvarez Areces dice que hay semana negra para rato, mientras que el patrocinador-beneficiario de los nada despreciables ingresos que en sus arcas deposita tanto el Ayuntamiento de Gijón como los colaboradores privados denomina “pueblerinos” a quienes no comulguen con el evento de carácter presuntamente cultural.
Por una parte, PIT tiene algo de razón en lo de calificarnos de “pueblerinos”, pero no por las razones que esgrime tan orondo personaje. Somos pueblerinos porque albergamos y toleramos la celebración de un evento que no es más que un chiringuito cuya única finalidad es mantener a un personaje cuyos único mérito es practicar la genuflexión ante la progresía imperante en el municipio. Mucho se especuló con la posible marcha de esta “celebración” a otras localidades (se llegó a hablar de San Sebastián). Pero ¿quién va a querer semejante cartucho de dinamita entre sus manos? ¿Quién va a tolerar la ocupación gratuita de dominio público durante diez días? ¿Quién va a tolerar la sangría presupuestaria para nutrir los bolsillos sin fondo de un personaje de la catadura de PIT? ¿Quien, en fín, va a albergar en su territorio un atentado permanente a la legislación civil, penal, administrativa y laboral? ¿Qué Ayuntamiento, salvo el nuestro, es tan suicida?
O, mejor dicho ¿Qué Ayuntamiento es tan “pueblerino”?

de Monsieur de Villefort Publicado en Cultura