EL SÍNDROME OWEN THURSDAY: CLÁSICO Y MODERNO.

Owen Thursday

James Warner Bellah publicó en el Saturday Evening Post un breve relato titulado Massacre, en el que, desde la óptica subjetiva del teniente Cohill, narraba el desastre de un regimiento de caballería acantonado en Fort Starke. La aniquilación de dicha unidad tenía un único responsable: el coronel Owen Thusday, que nada más llegar, imbuido de una soberbia sin límites unida tanto a un resentimiento por su degradación de rango así como por un desconocimiento total y absoluto del medio físico en el que se encontraba, llevó a los hombres que comandaba al desastre más absoluto. Thursday, haciendo caso omiso de los consejos que le dispensaron quienes, más habituados y conocedores de los ambientes del oeste americano, dejó que su soberbia le impulsase a realizar una maniobra suicida; en su decisión pesó y no poco la lamentable opinión que, como buen blanco educado en el este, tenía de los apaches, a quienes consideraba incapaces de concebir estrategias ofensivas. Thursday contempló cómo su carrera se hundía definitivamente, y vió impotente cómo eran masacrados aquéllos a quienes había conducido a la muerte. Pero, en la cumbre de la degradación, Thursday logra rehabilitarse: el teniente Cohill, que comandaba la retaguardia y que se había parapetado con los carros de víveres y municiones, le brindó la posibilidad de regresar y salvar su vida. Pero Thursday se negó, y tras tomar el revolver que el teniente le brindaba, acudió junto con los pocos hombres que aún combatían a los apaches. Poco después, cuando los refuerzos de Fort Starke llegaron a socorrer a las pocas fuerzas al mando de Cohill, éste pudo comprobar que Thursday yacía junto con sus hombres, muerto de un tiro en la sien, disparado a tan poca distancia que cualquiera podría verificar que el coronel se había pegado un tiro. Prefirió la muerte al deshonor. Y Cohill, “por el bien del regimiento”, ocultó los hechos para disimular el suicidio y convertirlo en una muerte heroica.

John Ford tomó ese relato para hacer de él una de sus obras maestras, Fort Apache. El coronel Thursday, encarnado magistralmente por un Henry Fonda en su última colaboración con Ford (penúltima si tenemos en cuenta su ulterior encuentro en Mister Roberts –Escala en Hawaii- en la que llegaron a las manos y que Ford no terminó) y en la plenitud de sus dotes interpretativas, es ciertamente un personaje mucho más complejo. Es igualmente altivo, soberbio, resentido…..pero capaz también de concebir maniobras militares utilizando como cebo a un teniente que ha tenido la osadía de pretender a la hija del coronel. Un coronel a quien no le tiembla el pulso para desenmascarar a un corrupto agente indio y cantarle las cuarenta (“si por mi fuera, le haría ahorcar aquí mismo, pero es usted un representante de los Estados Unidos y mientras lo sea gozará de protección”), pero que goza de los mismos prejuicios de clase. El Thursday de la película lleva también al desastre a sus hombres, y contempla también la ruina del regimiento, pero tiene algo en común con su homólogo de la novela: al llegar el momento clave, ese instante donde puede optar por salvarse, rechaza totalmente continuar a salvo y, en un gesto que se redime, acude conscientemente a morir junto con sus hombres. Aún me estremezco cada vez que veo a un caído Owen Thursday pedir su sable al capitán York (John Wayne) y decirle a éste, sorprendido ante su inusual decisión de acudir a una muerte segura: “Capitán York, cuando usted mande el regimiento, que seguramente será pronto, opine entonces”. Thursday acude a una pequeña hondonada en donde un pequeño grupo de soldados aún resiste, y cuando pide disculpas por su tardanza, el bonachón sargento mayor O´Rourke, haciendo gala de ese humor irlandés, le responde que las reserve “para nuestros nietos”. La única variación respecto al relato que inspira la película es que en ella Thursday muere heroicamente defendiendo la bandera del regimiento junto con sus hombres. En el instante decisivo, en su muerte, en cierta manera logra una redención.

Existen hoy en día muchos personajes que nos recuerdan a Owen Thursday. Son esos profesionales de la política altivos, resentidos, que miran por encima del hombro a los demás y a quienes poco importa la opinión de quienes están más familiarizados con los problemas cotidianos. Personajes que no dudan en conducir al desastre a sus subordinados y en provocar auténticas hecatombes, aunque no (cuando menos por el momento) que lleven a la muerte física a quienes de ellos depende. Pero entre ellos y el coronel Thursday existe una pequeña gran diferencia: Thursday sacrificó su vida al ser consciente de su error, intentando purgar sus errores ofreciéndose también como víctima propiciatoria. Los Thursday actuales no hubieran dudado en sacrificar al teniente Cohill o al capitán York cuando éstos le ofrecieron la salvación. Y si “el bien del regimiento” justificaba ocultar los pasados errores del coronel como gesto por asumir su responsabilidad en el más alto grado, hoy en día esa misma frase se utilizaría para salvar la vida del coronel, incluso aunque fuese el único superviviente de sus propios errores.

Por ello, el Owen Thursday del pasado merece todo mi respeto en su caída, de igual manera que sus equivalentes actuales merecen todo mi desprecio en su cénit.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

Un comentario el “EL SÍNDROME OWEN THURSDAY: CLÁSICO Y MODERNO.

  1. Inevitablemente, como hace Vd, para escribir sobre el honor uno ha de estar movido por altos ideales…o no escribir, porque para radiografiar el honor en su espectro, del más sublime y elogiable al más rastrero -que también es honor, honor de alcantarilla- hay que haber sentido el sentimiento puro del ideal noble.

    Es como decía un buen antiguo amigo a propósito del Hombre Bueno:También él es capaz, precísamente, de ser auténticamente malvado.Y a los dos les une como nexo común en su esencia la inteligencia.
    El antiguo buen amigo al que me refiero, cayó en su día en el bajo ideal de la traición a la amistad, no demostrando con ello sin embargo la enseñanza de su frase , porque las relaciones de amistad tienen su base en los ideales, -y por ende en la voluntad y la inteligencia- pero las traiciones y descabellos a quienes sí fueron amigos no,las practican los inteligentes malos hombres sino el idiota, el tonto, el egoísta.

    Todas las traiciones tienen por definición ese alto contenido de egoísmo, de casi ridículo, del que las protagoniza, dejando a un lado la cuestión de una inteligente maldad/bondad (como la que se vislumbra en cambio a la legua, como un halo, en nuestro Papa Francisco) y por lo mismo, tenemos que pensar mas en el hombre tonto contemporáneo.

    Por eso hoy dia conviven en nuestra politica los dos elementos en cuestion:Lo mas alto, y lo más bajo e inmundo cuando de servir a la ciudadania se refiere;como una mosca aplastada en la seda blanca, doblemente visible y que doblemente mancha.

    En la partitocracia en la que nos movemos, que no oligarquía de partidos, florecen sobre los ideales estos mas bajos instintos:como un abogado que pacta a espaldas del cliente, como un cura pederasta, como un juez dilador a sabiendas o un ginecologo salido y baboso.
    El reparto de cromos con el vecino “matón” con el que se comparte el dominio del patio nos han llevado a ver normales los indultos en masa a la corruptos urbanísticos, en ejercicio de un derecho arcáico que nada tiene que ver con la esencia del ideal del indulto: Por quien lo proporciona, el propio Gobierno.Por a quien se proporciona, todos miembros del propio partido o “del otro”, y por cómo y cuándo se realiza: En un acto de limpieza de la cloaca que evita la pena de prisión o sustitutiva y con plena mofa y befa del juez que sentenció.

    Si ese honor de que hablaba Vd., “a contrario” asfixia en lo esencial además a la ciudadanía -en el día a día-, los que se declaran políticos defensores de una democracia que se define ya a sí misma inexistente y de una ciudadanía que está cada día más oprimida, deberían acudir a la sana fórmula que sólo se usa en el resto de Europa:La dimisión.

    ¿Dónde están los muchos políticos finlandeses, que en su “derrocamiento” a raiz de la crisis, supieron decir adiós como Thursday sin otro gesto que el de la aceptación?…Ah!, que fue también el pueblo el que puso límites a tanto latrocinio.Pues sin el minimo honor de aquellos ni la mínima inteligencia del Pueblo no podemos salir adelante en la otra crisis, la de valores, que contamina desde hace decadas lo que deberian ser los mas normales comportamientos de la Administración mientras se niega por los propios políticos a la ciudadanía cualquier intención fiscalizadora de su gestión.

    Spain is different, y cada vez para ir a peor.

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